Pablo Picasso
Picasso dominó más de medio siglo la escena del arte contemporáneo.
Artista siempre profundamente comprometido con la historia de su tiempo, fue un auténtico “protagonista”, justamente porque es imposible confinar su personalidad al ámbito de la pura experiencia artística, ya que toda su larga e intensa actividad estuvo llena de hechos y elecciones de crónica y de historia.
Su actitud coincidió con la historia de la rebelión de los intelectuales europeos desde fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, contra los vicios y la hipocresía de una sociedad llegada a su fase involutiva.
Pero si bien el primitivismo elemental de Picasso fue producto de la misma causa, mediante este camino - y a diferencia de otros artistas - él trató de descubrir su verdadera naturaleza y expresarse sin sufrir el freno de convencionalismos e inhibiciones, en el sentido de la más completa libertad para sí mismo.
No se trata, evidentemente, de un pintor “puro”; por el contrario, Picasso es un artista profundamente sumergido en su contorno, que ha registrado todas las contradicciones de nuestro tiempo y de manera nada pasiva. En eso reside su grandeza: en ser un testimonio - en el mundo del arte - de lo que en nuestro tiempo hay de antihumano, además de todo otro sentimiento libre y generoso. Y todo ello sin convertirse en juez ni moralista.
“Parece haber descubierto de repente los secretos de la pintura, desgarrando el filtro que la separaba de nuestra actualidad y haciendo así de ella, para todos nosotros, algo insustituible, angustiante y esclarecedor”
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Salvador Dalí sigue siendo para los no iniciados el representante, la encarnación misma del surrealismo, y comparte con Pablo Picasso el privilegio de ser el más “conocido” personaje de arte de nuestro tiempo. Para esos muchos surrealismo es un término raro que sólo se entiende si se lo traduce por la palabra escándalo o, mejor aún, locura.