Viena, la capital de Austria, el carpintero y herrero Matías Haydn remendaba carros y carretas, y con Maria, su mujer, que había sido cocinera, llegó a ser padre de doce hijos, de los cuales vivieron seis, tres niñas y tres varones: Michael, Johann Evangelist y Franz Joseph (nacido el 31 de marzo de 1732, cuando vivían y descollaban Domenico Scarlatti, Haendel, Rameau, Vivaldi y el gran Bach. Un domingo, se armó una fiestita musical, y el pequeño Joseph imitó los movimientos de un violinista. Todos lo supieron: seria músico. Su padre lo inició en el canto a los tres años y a los cinco le compró una pequeña arpa, y más tarde un violincito, que aprendió a manejar sin maestro. Un músico que pasó por la casa lo oyó cantar y tocar, convenció a sus padres y se lo llevó a Viena como niño cantor de la catedral de San Esteban. Se trataba de Georg Reutter (1708-1772), organista y compositor de óperas, cantatas, misas y sinfonías, que le enseñó algo, mucho menos de lo que aprendería con Caldara y Bonno, italianos que pasaron un tiempo en Viena.
Antes de los 12 años compuso un himno religioso, y esos intentos prosiguieron mientras era cantorcito de la catedral. Cuando cambia la voz, a los quince años, se lo despidió, y en adelante se gana la vida tocando en fiestas.
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Hay que mirarlo a distancia para comprender en toda su magnitud a Ferenc Liszt (su genuino nombre húngaro es menos usado que el alemán Franz). Robusta personalidad ante todo, reúne caracteres de virtuoso, compositor, orientador y organizador.
Aunque no hubiera sido músico genial merecería una extensa y rica biografía. Pocas vidas más intensas y fecundas que la suya. Las mil obras que compuso ¿cuando las escribió este pianista que viajó por toda Europa dando recitales? Porque su vida sentimental fue tan intensa, su trato social tan amplio y su apetito intelectual tan voraz que demandaban jornadas de 30 horas.
La fortuna lo favoreció al nacer en un hogar y momento que no le harían perder tiempo para aprender y perfeccionarse. Nació en una propiedad rural del príncipe Nicolás Esterházy, que hubiera podido ser rey de Hungría, célebre por su inmensa fortuna y su dedicación a las artes. Su padre Adam Liszt fue contable y luego administrador del príncipe. Era violinista y cantante; asimismo compuso obras importantes, y acompañaba con la guitarra a su mujer, Anna. Al chico le sobraron maestros: Carl Czerny, alumno de Beethoven, y Antonio Salieri, autoridad reconocida en toda Europa. Tocó en publico a los doce años en Viena, y enseguida comenzaron sus giras por Alemania y Francia, luego por Inglaterra y Suiza.
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Como Cristóbal Colón o José de San Martín, también Johann Sebastian Bach surgió en el momento y lugar exactos. La dinastía Bach suma más de 60 individuos que hicieron de la música su ocupación principal. Sajonia y Turingia fueron sus límites geográficos. Último de ocho hermanos, Johann S. nació el día de la primavera (21 de marzo) de 1685, el mismo año que Haendel y que Domenico Scarlatti, trilogía que no se repitió.
Huérfano temprano, lo educaron dos hermanos, cantó en un coro de iglesia y al mudar la voz fue violinista y organista. Se miró en varios organistas como espejos (Georg Boehm y Jan Reinken) y a los veinte años viajó a pie 300 ki1ómetros para escuchar al fabuloso Dietrich Buxtehude. Pero se quedó en Lubeck casi tres meses más, lo amonestaron y renunció para concentrarse en su perfeccionamiento y en la creación.
Recién casado a los 22 años con su prima Maria Bárbara, que vivió trece años más y le dejó una mujer y tres varones. A los 23 pasó a Weimar y allí floreció su genio como compositor de órgano y experto europeo en ese instrumento. Ya conocía bien la música francesa y allí transcribió para clave o para órgano conciertos de Vivaldi y Benedetto Marcello. Pero a los 32 pasó a depender de un príncipe, muy culto, en Anhalt-Cothen y como la corte era calvinista (iglesia severa y antiartística) se dedicó sobre todo a componer conciertos y sonatas que a veces tocaba su señor.
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Se llamaba Johann Chrysostomus Wolfgang Theophilus, y el usó Amadé por gusto. En familia era Wolfie, o sea lobito. Su padre fue un notable violinista y profesor, que le enseñó cuanto era posible en su época. El aprendió con velocidad pasmosa, y muy pequeño tocaba el clave y pronto otros instrumentos, sobre todo el piano (cuando este reemplazó al clave en las preferencias generales). También tuvo precoz inventiva, y compuso música desde los cinco años: minués a1 principio, luego algo más complicado, inclusive sonatas (varias a los seis, siete y ocho años). Alguna sinfonía demasiado precoz delata la mano intrusa de papá Leopoldo. Cierto: fue hasta cierto punto “explotado”, pero sin duda con otro padre no habría sido quien fue.
La prueba de que vivió libre de coacciones es su desenfado verbal. Palabrotas y expresiones muy crudas salpicaban sus cartas y su conversación. En familia no hablaba como un académico, ni tampoco a ciertas personas. “Beso tu traserito” era a veces su despedida. Exagera el filme “Amadeus” al presentarlo tiranizado por su padre, como miente al mostrarlo como un tontito que ríe a cada rato. Un tonto no compone su música.
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