Posts etiquetados ‘Segunda Guerra’

17
Oct

Winston Churchill

   Publicado por: admin  en Políticos

Si bien es un hecho comprobado que los pueblos y naciones, en general, dan origen a sus figuras de mayor relieve en períodos de ascenso y expansión, Winston Churchill es una de las excepciones más notables a esta regla.

El descendiente de aristocrática familia, nacido en 1874 en Blenheim (Inglaterra), fue en efecto una personalidad fuera de lo común que “iluminó el largo crepúsculo del Imperio Británico”

Discutido y combatido, pero no por ello menos representativo, reunió en sí las virtudes que transforman a un político en un gran conductor, y en su dilatada vida lo guió un único objetivo: acrecentar la grandeza del Imperio al que consideraba el baluarte del sistema liberal frente a los avances de los nuevos movimientos que surgían en el mundo.

Movido por una fe indestructible en los valores de Inglaterra, fue su defensor más tenaz y lúcido y no retrocedió ante ningún obstáculo para mantener el predominio de su país, único modo, en su opinión, de conservar el equilibrio político mundial. De allí los súbditos y múltiples cambios con que sorprendió a sus contemporáneos a lo largo de su actuación pública: conservador por tradición familiar y propias convicciones, no vaciló en ingresar a las filas del partido liberal; profundamente anticomunista, se alió sin dudar con la Unión Soviética cuando el porvenir de Inglaterra estuvo en juego ante el arrollador avance del nazismo durante la segunda guerra mundial.

Winston Churchill no pudo detener el proceso de decadencia de su patria como gran potencia; el curso de la historia está por encima de la voluntad de un individuo, pero tal vez por ello mismo su figura adquiere mayores dimensiones. Porque en la terrible emergencia que significó para la humanidad la guerra de 1939, fue el líder de la resistencia sin claudicaciones: un líder sin el aval de un gran imperio pero no por ello menos firme en su fortaleza e irrenunciable creencia en el triunfo final de la causa de Inglaterra.

Convicción que no lo abandonó hasta su muerte, en 1965, y que se condensa en una de sus frases más famosas “El Imperio Británico es para mí el Alfa y el Omega. Lo que es bueno para el Imperio Británico también es bueno para mí”.

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13
Oct

Adolf Hitler

   Publicado por: admin  en Militares, Políticos

Las generaciones futuras querrán comprender la increíble aventura de Hitler. La explicación no es fácil porque el análisis debe desenvolverse sobre niveles muy diferentes.

En primer término, tenemos el carácter del hombre: paranoico, con una personalidad profundamente compleja que sólo parece encontrar coherencia interior en la voluntad de poder, es, con toda evidencia, un desclasado que supo aprovechar hábilmente los escrúpulos y contradicciones de sus adversarios. Más que un fanático o un iluminado, es un ser racional, calculador y comediante, cuya constante mezcla de cinismo y fraseología idealista, de valores y razones puestos al servicio de cálculos oportunistas, obscurecido por tabúes, prejuicios e ignorancia, explica quizás la fascinación que ejerció sobre sus contemporáneos.

¿Hacia dónde tiende esta voluntad de poderío, desde el momento que no está al servicio de una ideología ni de una satisfacción personal? Es cierto que la feroz avidéz de este arribista trasunta el egoísmo más monstruoso, pero Hitler es más que nada un mito, el del Führer infalible y omnipotente, y si bien sabemos que esta imagen surge del hábil empleo de la propaganda, el hombre se identificó poco a poco con el mito del que se servía. Así, a partir de 1938, la lucidez lo abandonó e hizo presa de él la confusión entre el frío análisis de la realidad que le permitía gobernar y la figura del jefe con la que gobernaba.

La satisfacción de la sed de poderío hizo surgir en él una necesidad de dominio aún más grande y, lentamente, el equilibrio, quizás excepcional, de estas facultades contradictorias, se despedazó.

Sin embargo, Hitler no es todo el nazismo. Junto a él está el pueblo alemán, y se plantea el problema de su culpabilidad: culpabilidad que no puede limitarse a los grupos y hombres cuya responsabilidad directa es bien conocida. Pero tampoco puede olvidarse la complicidad extranjera: los ambientes financieros anglo-sajones; la alta burguesía francesa, inquieta ante la amenaza del frente popular, Stalin, que previendo la amenaza que representaba el nazismo, sacrificaba Alemania y la revolución par consolidar la defensa de la URSS.

Hitler no aparece sólo como el mago de los sentimientos populares ni como el títere de grupos ocultos. Para que triunfase, fue necesario el encuentro de determinados elementos por una parte, una personalidad vulgar pero dotada, que supo explotar el momento, por otra, una situación social e histórica propia de Alemania, una sociedad burguesa en crisis y una civilización profundamente dividida.

Todo ello posibilitó la experiencia nazi, que todavía hoy nos plantea no sólo un interrogante sobre nuestros valores políticos y económicos, sino que obliga a un reexamen inquietante sobre el sentido de nuestra civilización.

Adolf Hitler nació el 20 de abril de 1889 en Braunau, ciudad sobre el Inn, se suicidó en Berlín el 30 de abril de 1945.

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