Lenin
Cuando en abril de 1917, Vládimir Ilich Uliánov (Lenin) regresó de un exilio de casi veinte años, al que lo habían forzado sus convicciones políticas, pocos conocían su nombre, destinado a convertirse en pocos meses más, en todo el mundo, en objeto de las aversiones más violentas y de las esperanzas más encendidas.
Las primeras palabras de este hombre, nacido 47 años antes - un 22 de abril de 1870 - en Simbirsk, ciudad situada sobre el curso medio del Volga, no fueron sin embargo para la revolución burguesa que había tenido lugar dos meses antes en su patria, sino para la revolución socialista que habría debido verificarse no sólo en Rusia sino en toda Europa. ¿Qué visión política, qué perspectiva de acción dictaba este saludo?. Animado por la idea de un rápido pasaje de la revolución rusa, de la etapa democrático-burguesa a la socialista y de la extensión de la revolución a toda Europa, Lenin llegaba a Rusia para realizar su consigna de la transformación de la guerra imperialista (1914-1918) en guerra civil del proletariado contra la burguesía.
Para alcanzar estos objetivos demostró ser, no sólo un teórico riguroso y un audaz y resuelto dirigente revolucionario, sino también un gran estadista, capaz de la flexibilidad más desprejuiciada con tal de mantener y consolidar las conquistas fundamentales de la revolución socialista del proletariado - la de octubre de 1917 - y en la que participó activamente, pues como él mismo dijera; “Es más agradable y útil hacer la experiencia de una revolución que escribir acerca de ella”. Mucho se ha escrito sobre Lenin y sobre su obra respecto de que ha señalado el comienzo de una nueva época, pero es tal vez Boris Pásternak en su novela El doctor Zhivago quien nos ha dejado una de la definiciones más sugestivas sobre su persona” “Todo el siglo XIX - -dice el novelista-, todo el movimiento obrero del mundo (…), todo el nuevo sistema de ideas, de deducciones vivas y originales, toda la ironía, toda la implacabilidad de quien ha debido armarse en nombre de la piedad, todo esto lo ha asimilado y simbolizado Lenin”.
A partir de 1922, una grave enfermedad lo obligó a retirarse gradualmente de la política activa a la que ya no volvería. Murió el 21 de enero de 1924 y a partir de ese momento su figura entró en la leyenda: en la Plaza Roja, donde se erigió su mausoleo.
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