Johann Sebastian Bach
Como Cristóbal Colón o José de San Martín, también Johann Sebastian Bach surgió en el momento y lugar exactos. La dinastía Bach suma más de 60 individuos que hicieron de la música su ocupación principal. Sajonia y Turingia fueron sus límites geográficos. Último de ocho hermanos, Johann S. nació el día de la primavera (21 de marzo) de 1685, el mismo año que Haendel y que Domenico Scarlatti, trilogía que no se repitió.
Huérfano temprano, lo educaron dos hermanos, cantó en un coro de iglesia y al mudar la voz fue violinista y organista. Se miró en varios organistas como espejos (Georg Boehm y Jan Reinken) y a los veinte años viajó a pie 300 ki1ómetros para escuchar al fabuloso Dietrich Buxtehude. Pero se quedó en Lubeck casi tres meses más, lo amonestaron y renunció para concentrarse en su perfeccionamiento y en la creación.
Recién casado a los 22 años con su prima Maria Bárbara, que vivió trece años más y le dejó una mujer y tres varones. A los 23 pasó a Weimar y allí floreció su genio como compositor de órgano y experto europeo en ese instrumento. Ya conocía bien la música francesa y allí transcribió para clave o para órgano conciertos de Vivaldi y Benedetto Marcello. Pero a los 32 pasó a depender de un príncipe, muy culto, en Anhalt-Cothen y como la corte era calvinista (iglesia severa y antiartística) se dedicó sobre todo a componer conciertos y sonatas que a veces tocaba su señor.
El lugar natal de Diderik (en alemán, Dietrich) Buxtehude fue Oldesloe, sur de Dinamarca. Pero los manotones de Alemania han cambiado más de una vez la potestad política en la región, hoy de nuevo danesa. Nació Diderik en 1637, estudió con su padre y a los 21 tocaba en Helsingfords como titular. Más tarde lo fue en Lubeck, ya de por vida. Allí adquirió un prestigio tan grande que muchos viajaban a conocerlo y oírlo. Entre ellos Haendel y Mattheson juntos, y más tarde el joven Bach, que fue muy influido por su arte de improvisador, ejecutante y compositor. El vuelo y la fantasía del danés no fueron superados por nadie, ni siquiera por Bach, que dio mayor dimensión a sus tocatas, fantasías, preludios y fugas.