Platón
Después de un siglo, el de Pericles y los hombres ilustres en que en medio de los desórdenes y las violencias se instituye un orden nuevo en el cual el hombre desearía ser independiente, pleno de mesura, bello y virtuoso, ocupar el puesto justo entre los dioses y el animal, se ciñe sobre Grecia y sus hombres la derrota: Atenas es vencida. Sócrates es condenado, las guerras recomienzan sin descanso, la desmoralización se difunde en la ciudad-estado. La obra de Platón es, ante todo, una meditación acerca de esta derrota que se presenta como una forma de cuestionar no sólo a la democracia y a la existencia política en general, sino también a la nueva cultura lanzada impacientemente a la conquista de conocimientos, a la búsqueda de placeres, al deseo de poderío. Pero también es cierto - de él más quizá que de ningún otro - que Platón es hombre de nuestro tiempo y de todos los tiempos. Murió en el año 347 anterior a nuestra era: desde ese momento la cultura ha hecho incesante referencia a él, para inspirarse, para criticarlo, para tratar de superarlo. Su obra se eleva ineluctablemente, en el horizonte de toda investigación teórica, en los tiempos lejanos, en los días recientes y en nuestro días. El arte, la literatura, que de ella se nutrieron, no pueden hoy menos que ayer, ignorarlo. De todos los pensadores es, por cierto, aquel cuya influencia ha sido más amplia, más profunda, más duradera.
Comprendiendo que la filosofía es un género determinado, cuya gestación ha sido lenta, que tiene su fecha y lugar de nacimiento y probablemente su fecha y lugar de deceso, resulta necesario afirmar que Platón fue su “inventor” y que consiguientemente, desde entonces en adelante toda filosofía que se considera tal es, bien o mal, platónica.
Platón se nos ha hecho imprescindible. Su obra definió junto con la filosofía a la razón. La razón se ha transformado ahora en racionalidad: ha sufrido innumerables cambios, ha pasado por la prueba de la teología, de la ciencia experimental y física, del tribunal de la historia. Hoy, ella es real: la civilización industrial en su conjunto, a pesar de sus errores y sus incoherencias, es como una gigantesca realización de la racionalidad integral. Y es Platón el filósofo que puso en evidencia aquellos mismos criterios de racionalidad que organizan nuestra vida y nuestra muerte.
Se ha visto en Aristóteles al fundador del espíritu científico moderno, al creador de la teología universal, al sistematizador de la ciencias; se lo ha llamado platónico antiplatónico, empirista. Lo cierto es que Aristóteles se ha convertido en un protagonista de nuestra época, execrado y exaltado como pocos otros filósofos del pasado.
Nacido en Atenas entre los años 470 y 460 a. C., Sócrates es uno de aquellos personajes que no vivieron sólo para su época y para su propio pueblo, ni para un determinado siglo, sino que conservaran su importancia mientras haya hombres. Las “semillas” que el arrojó y que fructificaron en cada uno según lo que cada uno era, haciendo de modo que cada uno pensase con su propia cabeza, dentro de una situación histórica y humana bien precisa, tales “semillas” pueden dar cuenta del significado, de la eficacia y de la problemática suscitada por Sócrates.
En la historia del pensamiento del sigo XIX, Federico Nietzche - nacido el 15 de octubre de 1844 en Prusia - ocupa un destacado lugar, no sólo por la originalidad y la fuerza de sus ideas, sino por el carácter poético y la belleza de sus escritos filosóficos.
En toda la historia del pensamiento filosófico, Hegel es el único protagonista renuente a serlo; más aún, no es en absoluto un protagonista por razones objetivas, internas del sistema, por la coherencia misma del pensamiento.
A los ocho años escribe: “Todos los niños tienen ingenio menos yo”. Cincuenta y ocho años más tarde será conocido en el mundo entero como el autor de El ser y la nada y de La crítica de la razón dialéctica, como dramaturgo, como teorizador del marxismo y del existencialismo, como novelista, como estudioso de la literatura, como revolucionario y, en fin, como un brillantísimo y militante intelectual de su época, comprometido como pocos con su situación. Su filosofía va creciendo en sus innumerables obras, desde diversísimos accesos, desde la literatura, desde la filosofía, desde la crítica literaria.