Archivo para la categoría ‘Filósofos’

23
Oct

Aristóteles

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Se ha visto en Aristóteles al fundador del espíritu científico moderno, al creador de la teología universal, al sistematizador de la ciencias; se lo ha llamado platónico antiplatónico, empirista. Lo cierto es que Aristóteles se ha convertido en un protagonista de nuestra época, execrado y exaltado como pocos otros filósofos del pasado.

En efecto, quizás haya sido más un protagonista de nuestra tradición que de su tiempo, aunque haya estimulado la crítica acerba de los “humanistas de sus días”, la airada de los epicúreos y haya suscitado en entusiasmo de los primeros filósofos de escuela de la antigüedad.

Tal vez narrar su biografía, mostrar la parte que le correspondiera en la vicisitudes de su época signifique justamente hallar la raíz común de todos estos rostros suyos, de estos usos simbólicos múltiples de su figura, porque él mismo tuvo una relación difícil y ambigua en un momento histórico difícil y ambiguo cuando terminaba un modo de vida, se perfilaba otro, y todo estaba teñido de un futuro incierto.

En esa circunstancia Aristóteles fue el filósofo que intentó reunir en un orden lo que le saber de su tiempo parecía transmitirle, pero trabajó con instrumentos que presuponían una realidad social y política que estaba desapareciendo. La continua mutación de sus perspectivas es la continua persecución de una realidad que cambia y la desesperada tentativa Isaac Newton a de llevarse consigo la que ya ha cambiado.

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23
Oct

Platón

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Después de un siglo, el de Pericles y los hombres ilustres en que en medio de los desórdenes y las violencias se instituye un orden nuevo en el cual el hombre desearía ser independiente, pleno de mesura, bello y virtuoso, ocupar el puesto justo entre los dioses y el animal, se ciñe sobre Grecia y sus hombres la derrota: Atenas es vencida. Sócrates es condenado, las guerras recomienzan sin descanso, la desmoralización se difunde en la ciudad-estado. La obra de Platón es, ante todo, una meditación acerca de esta derrota que se presenta como una forma de cuestionar no sólo a la democracia y a la existencia política en general, sino también a la nueva cultura lanzada impacientemente a la conquista de conocimientos, a la búsqueda de placeres, al deseo de poderío. Pero también es cierto - de él más quizá que de ningún otro - que Platón es hombre de nuestro tiempo y de todos los tiempos. Murió en el año 347 anterior a nuestra era: desde ese momento la cultura ha hecho incesante referencia a él, para inspirarse, para criticarlo, para tratar de superarlo. Su obra se eleva ineluctablemente, en el horizonte de toda investigación teórica, en los tiempos lejanos, en los días recientes y en nuestro días. El arte, la literatura, que de ella se nutrieron, no pueden hoy menos que ayer, ignorarlo. De todos los pensadores es, por cierto, aquel cuya influencia ha sido más amplia, más profunda, más duradera.

Comprendiendo que la filosofía es un género determinado, cuya gestación ha sido lenta, que tiene su fecha y lugar de nacimiento y probablemente su fecha y lugar de deceso, resulta necesario afirmar que Platón fue su “inventor” y que consiguientemente, desde entonces en adelante toda filosofía que se considera tal es, bien o mal, platónica.

Platón se nos ha hecho imprescindible. Su obra definió junto con la filosofía a la razón. La razón se ha transformado ahora en racionalidad: ha sufrido innumerables cambios, ha pasado por la prueba de la teología, de la ciencia experimental y física, del tribunal de la historia. Hoy, ella es real: la civilización industrial en su conjunto, a pesar de sus errores y sus incoherencias, es como una gigantesca realización de la racionalidad integral. Y es Platón el filósofo que puso en evidencia aquellos mismos criterios de racionalidad que organizan nuestra vida y nuestra muerte.

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23
Oct

Sócrates

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Nacido en Atenas entre los años 470 y 460 a. C., Sócrates es uno de aquellos personajes que no vivieron sólo para su época y para su propio pueblo, ni para un determinado siglo, sino que conservaran su importancia mientras haya hombres. Las “semillas” que el arrojó y que fructificaron en cada uno según lo que cada uno era, haciendo de modo que cada uno pensase con su propia cabeza, dentro de una situación histórica y humana bien precisa, tales “semillas” pueden dar cuenta del significado, de la eficacia y de la problemática suscitada por Sócrates.

Si bien es cierto que este no tuvo una determinada filosofía, es también cierto que hubo una “lógica”, una “ética”, una “política”, una “retórica” socráticas que van tomando diversos aspectos según los interlocutores, la situación, el momento de la investigación pero se orientan todas hacia un único propósito: educarse a sí mismo y a los demás para ser hombres.

Cuando Sócrates afirma que lo que el sabe es que no sabe, dice dos cosas muy importantes: por una parte, que no le es dado al hombre saber nada de las cosas del ser y de lo divino en absoluto y que, por ende, el deber del hombre está aquí entre los hombres, lo cual no significa un desprecio de la física que es cosa distinta de la teología, ni de la teología misma cuyas premisas son otras; y por otra parte, que el hombre serio que actúa y piensa como se debe en el plano de las relaciones humanas, no tiene de una vez por todas la fórmula que le dice cómo debe comportarse cada vez.

Aquel ocaso de marzo del 399 a. C. en que Sócrates bebió la cicuta, aquella muerte que podía evitar pero que aceptó como obsequio a las leyes de su ciudad que lo condenaron injustamente, y en nombre de la ley sin la cual el hombre no es hombre, lo transforman en un símbolo del “saber pensar”, del saber actuar, en un elogio de la razón, en un racionalismo que no es “intelectualismo ético” sino humanidad en el concreto pensar y actuar, en la conciencia de los propios límites y de las propias posibilidades, en la unidad del trabajo y la comprensión, en un saber asumir cada vez conscientemente las propias responsabilidades.

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21
Oct

Federico Nietzche

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En la historia del pensamiento del sigo XIX, Federico Nietzche - nacido el 15 de octubre de 1844 en Prusia - ocupa un destacado lugar, no sólo por la originalidad y la fuerza de sus ideas, sino por el carácter poético y la belleza de sus escritos filosóficos.

Su doctrina y su actitud humana pueden constituir - como ha sido señalado reiteradas veces - un antecedente inmediato de las posiciones existencialistas actuales, por lo que suele emparentárselo con Kierkegaard en su reacción contra el racionalismo objetivador de la filosofía de su época.

Nietzche lanza su mensaje “Dios ha muerto”, como si con ello quisiera significar que ha perimido todas las mentiras que a lo largo de los siglos de la historia han servido para ocultar el empobrecimiento de la energía vital del hombre, para disfrazar la caída de la condición radical de su personalidad, que es la voluntad de poder.

Por esto intenta sepultar conceptos vetustos, y contra ellos exaltar la fuerza creadora de la individualidad, que encarna en esos hombres excepcionales que, descontentos y hastiados de la propia humanidad proyectan su vida hacia instancias que van más allá de lo humano para crear el ideal del mito de superhombre. La formación del pensamiento de Nietzche tiene su punto de partida en la filología que aprende al lado de su gran maestro de la Universidad de Bonn, F. Ritschl, con quien estudia en su juventud. La obra de Schopenhauer gravitó hondamente sobre su espíritu, como gravitará más tarde, aún en plena juventud, la amistad de Erwin Rohde y la de Wagner, con quien romperá acerbamente años después. La enfermedad que le acosa desde su temprana juventud, y que se irá agravando con el correr de los años, le obliga a abandonar la enseñanza universitaria y a llevar una vida errante, en busca de mejores climas y de condiciones vitales más propicias para su salud; pero también incide en la formación de esa personalidad que se refleja en casi toda su obra.

El final de su vida, sumido en profunda depresión nerviosa y víctima de un total oscurecimiento de su mente, se produce el 25 de agosto de 1900, ya cerrado el siglo XIX, siglo a cuyo esplendor espiritual prestó un aporte inestimable y todavía no suficientemente comprendido.

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21
Oct

Hegel

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En toda la historia del pensamiento filosófico, Hegel es el único protagonista renuente a serlo; más aún, no es en absoluto un protagonista por razones objetivas, internas del sistema, por la coherencia misma del pensamiento.

Con Hegel, el yo personal desaparece de la escena filosófica. Hegel es verdaderamente un nudo de la historia: Como Aristóteles, que durante siglos preocupó a la posteridad. Pero si bien conocemos los acontecimientos que siguieron a la filosofía aristotélica, procedemos hoy, en cambio, arrastrados por una corriente cuya dirección ignoramos.

A nuestras espaldas tenemos aquel sistema que cierra la historia para explicarla, y a la vez promoverla: una totalidad que contiene en su interior la antítesis. No tiene importancia que Hegel supiese o no esto; esto - dice él - es saber de la filosofía; el ser - por el cual combatieron gigantes -, es la historia, es el tiempo, los verdaderos y únicos protagonistas. La filosofía se sabe como historicidad, sabe su largo nacimiento a partir de la no-filosofía, su continuo morir en la historia. Se es ateo en nombre de Hegel y en su nombre se espera la renovación de las diversas teologías.

Lo reivindican tanto los revolucionarios como los tradicionalistas y los liberales.

Se ha visto en Hegel al más grande representante del idealismo y se lo ha considerado el vencedor de todo subjetivismo. Estudiado como hombre en el siglo XVIII, mecanicista, absolutista, se lo ha condenado como romántico, místico, obsesionado por la idea de un espíritu de los pueblos que actúa por detrás de la fachada de la historia y a la órdenes de otro Espíritu, todavía más aberrante, el Espíritu universal.

Sus discípulos fueron perseguidos como democráticos, demagogos, revolucionarios peligrosos, justamente por aquel Estado prusiano del cual Hegel habría sido filósofo oficial. Stahl, el filósofo de los conservadores alemanes de observancia protestante, no se concibe sin Hegel. Marx no ha ocultado nunca lo que le debía. Los liberales, nacionalistas o no, han tomado de él muchos de sus argumentos

La historia de la filosofía posterior a Hegel ya ha comenzado. La filosofía hegeliana es la última filosofía moderna, es la primera filosofía contemporánea.

Nació en Suttgart el 27 de agosto de 1770. Murió el 14 de noviembre de 1831.

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20
Oct

Jean Paul Sartre

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A los ocho años escribe: “Todos los niños tienen ingenio menos yo”. Cincuenta y ocho años más tarde será conocido en el mundo entero como el autor de El ser y la nada y de La crítica de la razón dialéctica, como dramaturgo, como teorizador del marxismo y del existencialismo, como novelista, como estudioso de la literatura, como revolucionario y, en fin, como un brillantísimo y militante intelectual de su época, comprometido como pocos con su situación. Su filosofía va creciendo en sus innumerables obras, desde diversísimos accesos, desde la literatura, desde la filosofía, desde la crítica literaria.

Hace pie en el existencialismo: “Entendemos por existencialismo una doctrina que hace la vida humana posible y que además declara que toda verdad y toda acción implican un medio y una subjetividad humana”

La existencia es la imposibilidad de coincidir con el ser, sólo en el instante de la muerte coincide la vida con su pasado como ser, porque la muerte es la imposibilidad de toda posibilidad.

La existencia, en cambio, queda librada a ser posibilidad, posibilidad absoluta de ser el que no soy o no ser el que soy. En esta modalidad de la posibilidad consiste la existencia como libertad de elección. La existencia humana cosiste en libertad y la libertad encuentra su expresión más perfecta en el proyecto.

En virtud de la libertad puede el hombre superar su situación de desamparo dándole un sentido a su existencia. Pero la conciencia de la libertad es fuente de la angusta: “La libertad es el destierro y yo estoy condenado a ser libre” exclama uno de sus personajes; es que el hombre, que sabe que se está haciendo, ha adquirido una grave e inalienable responsabilidad.

Su filosofía de la historia es la búsqueda de conciliación del marxismo - la filosofía del hombre actual - con el existencialismo: es la praxis del hombre individual lo que provee de significado a la realidad histórica; el hombre hace suyo lo dado - interioriza lo exterior - pero a la vez lo niega para proyectarse - exterioriza la interioridad - al campo de sus posibilidades, pero, al elegir una posibilidad, niega el campo de los posibles permitiendo, en cambio, el surgimiento de una nueva objetividad, que es subjetividad objetivada porque todo lo vivido por el hombre está presente en los resultados de su acción.

Y lo notable en Sartre es su honradez, su esfuerzo constante porque su vida comulgue con su filosofía, sus elecciones, su compromiso, sus actitudes a veces desconcertantes, pero que no hacen más que dar testimonio de una infatigable vigilia intelectual que, con aciertos y errores, no claudicó.

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