Archivo para la categoría ‘Física’

23
Oct

Isaac Newton

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El nombre de Newton está ligado a la ley de la gravitación universal expuesta en su famosa obra Philosophiae naturalis principia mathematica, publicada en 1687 y que signa el acta de nacimiento de la física moderna.

Por sus investigaciones, intereses y creencias, Newton es un representante típico de su siglo, pero su genio y validez profética se afirman en la concepción de una nueva filosofía natural en completa ruptura con la filosofía natural de Aristóteles y de la escolástica: con el apoyo de nuevas técnicas, tales como las del cálculo infinitesimal, sustituye el reino de las cualidades por el nuevo reino de las cantidades inteligibles.

Sin embargo, pese a que rehusará recurrir a las explicaciones ficticias y gratuitas, ello no le impedirá buscar, mas allá de los fenómenos rigurosamente ordenados, los principio primeros y los fines últimos que los suscitan y los justifican; no es por lo tanto un positivista en el sentido moderno del término. Por el contrario su teoría científica se constituye en función de una metafísica y de una teología subyacentes.

Su física es la física de un creyente donde la experiencia y el cálculo descifran la presencia de Dios en el mundo; es la potencia divina actuando a través del espacio, la que asegura a la vez la cohesión y la permanencia del universo. En el espíritu mismo de su autor, la obra newtoniana no es más que un comentario a la palabra salmista según la cual “los cielos cuentan la gloria de Dios”.

Como sus contemporáneos, Newton es un hombre de transición, en un época en que se disocia lentamente el saber de la creencia pero su influencia irá más allá de sus mismas convicciones pues, al renovar la cosmología, impulsará la formación de una nueva antropología.

Más aún, a más de dos siglos de su muerte y en momentos en que el hombre ha iniciado la conquista material del universo, es justo recordar a este lejano precursor. Nació en Inglaterra el 25 de diciembre de 1642 - el año de la muerte de Galileo - y murió el 20 de marzo de 1727.

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13
Oct

Albert Einstein

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El 2 de agosto de 1939, Einstein escribió a Roosevelt, presidente de los EE.UU.: “…en los últimos cuatros meses se han logrado efectuar reacciones nucleares en cadena… Este nuevo fenómeno podría también aplicarse a la fabricación de bombas de una enorme potencia.” Por una paradoja del destino, este declarado pacifista, puso así en marcha el mecanismo que daría nacimiento a la bomba atómica. Seis años después, y ante el anuncio de Hiroshima, comentó melancólicamente: “Si lo hubiese sabido… no hubiera jamás escrito esa carta”.

El hombre que sentía un disgusto profundo ante el asesinato de un hombre, que experimentaba una intuitiva aversión por toda especie de crueldad y odio y que por ello mismo, fue un acérrimo enemigo del nazismo, - a tal punto que la carta citada nació de su temor de que la Alemania hitleriana construyera, antes que nadie, el terrible instrumento destructivo -, y se vio implicado - y muy a pasar suyo - en el nacimiento del más poderoso artefacto de muerte que ha conocido la humanidad, no sólo por las palabra que dirigió a Roosevelt sino también porque su teoría de la relatividad abrió el camino a las investigaciones que desembocaron en la liberación de la energía atómica.

Pero es demasiado simple reducir la vastedad de este genio a la medida de la dramática consecuencia deducida de su teoría, ya que Einstein, además, contribuyó con sus trabajos a modificar la imagen tradicional que el hombre tenía del mundo físico.

Figura extraordinaria en el plano científico, no lo fue menos desde un punto de vista simplemente humano: profundamente comprometido con los problemas de su tiempo, Einstein fue, básicamente “intransigente” frente a toda autoridad erigida sobre el prejuicio, la violencia y la intolerancia; de allí su posición combativa contra la loca carrera del rearme, contra el absurdo de la guerra fría.

Porque el mayor teórico de la época modera no se limitó a ser un observador “encerrado en su torre de marfil”: “como alemán, como judío, como convencido pacifista, nunca rehuyó enfrentar los conflictos más dramáticos del mundo contemporáneo”

Nació en Ulm, Würtemberg (Alemania) en 1879 y murió en Princeton (EE.UU.) en 1955.

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