Miguel Ángel Buonarroti
Protagonista de primera magnitud, Miguel Ángel dominó con su arte casi un siglo entero, viviendo y situándose en el centro y, luego de su muerte, abriendo y sugiriendo las perspectivas del arte barroco y moderno. Nacido un año después que Ludovico Ariosto - en 1475 - y muerto el mismo año del nacimiento de Galileo Galilei, en 1564, su vida como expresión artística - en pintura, en escultura y también en poesía - hacen de él un espejo extraordinariamente nítido de su época, uno de sus personajes más notables. Desde sus primeros trabajos, Miguel Ángel signó su búsqueda con grandezas extraordinarias y con nítido lenguaje: sin contrastes, sin inseguridades.
Es la valorización primera de su quehacer que se desarrolla sin malentendidos y sin caídas y con el cual abre en modo sumamente original el discurso de su época sobre el hombre, dando vida al más excepcional testimonio espiritual y terreno que se posea en el campo de la expresión de uno de los siglos más dramáticos de la historia de Italia,
A lo largo de la vida de este artista - tal vez uno de los más grandes de todas las épocas - dio carácter a forma con su alta producción a su siglo y, sobre todo lo hizo en aquel aspecto de su expresión generalmente menos exaltado, es decir en la arquitectura a la que recientes estudio ha elevado a la categoría de protagonista propiamente dicha, también por se más perceptible por todos y condicionadora de una realidad que daba nuevo rostro al vivir cotidiano civil y religioso.
Con la arquitectura, más que con la pintura y la escultura, Miguel Ángel realmente signa al siglo con su genio, expresando a través de una visión dramática de los espacios, aquel concepto de universalidad clásica y de aspiración espiritual cristiana que se instituyen como las dos mayores componentes de la cultura y del alma del artista.
Es una especie de “vocación” espacial: y de ella descienden y a ella retornan las arduas y completas proposiciones de su arquitectura. Tal vocación ha sido interpretada por la crítica más moderna, también en el sentido urbanístico, casi como el signo revelador y anticipador de toda una nueva ciencia de las ciudades que con el rostro inconfundible de un gran siglo, se ha proyectado también a los siglos futuros.
Salvador Dalí sigue siendo para los no iniciados el representante, la encarnación misma del surrealismo, y comparte con Pablo Picasso el privilegio de ser el más “conocido” personaje de arte de nuestro tiempo. Para esos muchos surrealismo es un término raro que sólo se entiende si se lo traduce por la palabra escándalo o, mejor aún, locura.
Picasso dominó más de medio siglo la escena del arte contemporáneo.
“El arte es el hombre unido a la naturaleza. Pintar la vida de los campesinos es una cosa seria y me sentiría culpable si no tratase de crear cuadros que inspiren pensamientos serios a quien piensa seriamente en el arte y en la vida”
El genio de Leonardo de Vinci -artista prodigioso, ingeniero profético- proporciona una de las mejores ilustraciones de la mentalidad renacentista, creadora infatigable de modelos y de esquemas a través de los cuales se esboza ya el rostro del nuevo mundo técnico e industrial.