11
mar

Gian Franco Pagliaro

   Publicado por: Administrador en Arte, música

Carlo Pagliaro, alias Gian Franco Pagliaro, hijo de Francisco y Anna, nace en Nápoles un 23 de julio de 1942 y lo bautizan el 26 de julio, 3 días después. Sigue siendo del signo de Leo.

A la edad de 6 años la familia se muda Bagnoli, a media hora de Nápoles, una localidad balnearia donde el pequeño Carlo inicia sus estudios primarios en una escuela de monjas.

Es el primero de 4 hijos, Antonio, Annamaría y Sonya son sus hermanos.

Carlo o Gian Franco manifiesta tempranamente sus inclinaciones artísticas. Le gusta mucho el dibujo y dibuja bastante bien. En el colegio es popular, los compañeros le piden dibujos que él entrega a cambio de lapiceras, cuadernos y bolitas. Tiene oído musical. En la familia hay un tío tenor y el canto, la música, es como la pasta y la pizza, cosa de todos los días.

Se cantan arias y canzonettas. Tosca, La Boheme, La Traviata, Cavallería Rusticana, I pagliacci, O sole mio, Torna a Surriento, los nombres de Puccini, Verdi, Mascagni son parte del aire familiar que respira Gian Franco.

Papá y Mamá tienen previsto para el pequeño Carlo un futuro de arquitectura. Lo ven dibujar asiduamente y relacionan esa habilidad con el diseño de palacios y castillos. Gian Franco con el tiempo potencia su inclinación hacia las artes. Le interesa el cine, la poesía, descubre el Renacimiento, la arquitectura de Nápoles, una ciudad rica en monumentos, iglesias, edificios de variados estilos arquitectónicos.

Sin embargo todo ese futuro y los planes previstos para alcanzarlo zarpan un día a bordo del Conte Grande, un trasatlántico mítico en la historia de la emigración, hacia otras tierras. Primer escala, Brasil, 2 años de residencia. Segundo escala, Buenos Aires. La estadía argentina que en un principio iba a durar el tiempo necesario para que papá Francisco encuentre su “América”, se prolonga para siempre.

En la Argentina Gian Franco retoma los estudios. Lo hace en forma privada a la usanza de las antiguas y nobles familias. En efecto tiene un profesor particular, casi un preceptor. Va todos las mañanas a estudiar a la casa del “Professor Ginobili”, licenciado en lengua italiana, literatura latina, griega, en filosofía y en historia del arte. Además es pintor y periodista. Un humanista con todas las cartas en regla para transferir conocimiento a cualquiera que tuviese inquietud. Gian Franco las tiene. Es curioso, lee a Leopardi, Carducci, Manzoni, Pavese, indaga sobre los Etruscos y escribe poemas en italiano, sonetos, que le publica IL Giornale D’ Italia.

El profesor Ginobili lo lleva de la mano por los caminos de la filosofía, el arte y la literatura. Ese encuentro lo marca profundamente.

En una familia napolitana no es raro que cante toda la familia y bien. En Nápoles o en Buenos Aires o en Toronto, ese pasado de canzonettas está siempre presente. En casa la madre canta mientras plancha, mientras cocina el famoso ragú, el estofado más perfumado del mundo, según los napolitanos, canta el papá “Una furtiva lacrima”, cantan los hermanos y canta Gian Franco. El canto es para los napolitanos lo que la salsa y el bolero son para los cubanos. Gian Franco también canta entre amigos, en reuniones, en fiestas. Le dicen que tiene buena voz, tal vez un poco ronca, hasta que un día se anima a cantar en público acompañado por una orquesta. Recibe aplausos, apoyo, aliento. Fantasea con meterse en el canto.

Lo que fantasea se vuelve realidad. Un amigo le consigue un contrato en un piano bar, 1966. Otro amigo le consigue un contacto en la televisión y otro le presenta a un personaje de la radio muy influyente.

En 1967, el cantautor italiano Luigi Tenco se suicida durante el Festival de San Remo. Participaba con una canción “Ciao amore ciao”. Le proponen a Pagliaro grabar la canción que el malogrado Luigi Tenco no había registrado en los estudios.

En pocas semanas Ciao amore ciao, en la voz de Gian Franco y cantada en italiano, se coloca al tope del ranking.

Lo que viene después podría decirse que es historia sabida. Por las dudas vamos a puntualizar algunos hechos hasta 1976.

En 1968 graba sus primeros temas en castellano: “Otra vez en el mismo bar” y “Este amor”. El disco es muy bien recibido por la crítica y el público. Pagliaro promete. Su voz cautiva. Su acento itálico es “vendedor”.

En 1970 gana el IV Festival de la Canción de Buenos Aires, con “Las cosas que me alejan de ti”.

En 1971, en el mismo Festival, se presenta con otra canción de su autoría, “Yo te nombro”. El tema, que había pasado a la final con el máximo de los votos, es bochado a último momento. Pagliaro no acepta la decisión del jurado y arma un lío, mejor dicho un escándalo de proporciones enormes. Los medios de difusión no le toleran semejante actitud de enfrentamiento y le cuelgan la etiqueta de descontrolado, poco confiable, raro, subversivo, desagradecido y resentido. La Sociedad Argentina de Locutores amenaza con querellarlo por infamia y calumnias. La amenaza no se cumple, tan solo lo silencian en todas las radios.

“Comencé esta carrera con el pie derecho. Luego metí el pie izquierdo, la mano izquierda y la parte izquierda de mi corazón y las cosas ya no fueron las mismas para mí”, declara en una entrevista. Esa parte polémica, crítica y criticada, incorfomista, audaz, lo llevó a Pagliaro a convertirse en el porta estandarte de la canción de protesta en aquellos años de luchas y utopías y en uno de los primeros prohibidos por el gobierno militar y los medios de difusión.. Pensar en voz alta no era conveniente en ese entonces y Gian Franco, no sólo pensaba en voz alta, sino también hablaba y cantaba en voz alta.

En el mismo año, 1971, graba un disco sobre obras de Neruda musicalizadas por él mismo, ya lo había hecho con obras de Almafuerte, Rubén Darío, Bécquer, José Martí.

Para 1974 Gian Franco es un cantautor exitoso a pesar de la censura y un referente y protagonista de la música argentina de esos años que se debatía entre lo comercial y el compromiso.

Todos los barcos, Vendrás con el mar, Las cosas que me alejan de ti, Yo te nombro libertad, Amigos míos me enamoré, No te vayas entonces, La balada del boludo; son algunos de los temas que le han dado fama y respeto. Artistas como Iva Zannicchi, Nacha Guevara, Leonardo Favio, Sandro, Enrique Guzmán, Héctor Cabrera, Jairo, Wilkyns, Sergio Denis, Sanampay, Los de Siempre, Carlos Torres Vila, Miguel Ángel Robles, La Mona Jiménez, entre otros, han grabado sus canciones. En 1976 su amigo Leonardo Favio lo convence a filmar bajo sus ordenes y al lado de Carlos Monzón, “Soñar Soñar “, hoy por hoy convertida en una película de culto.

1976 fue también el año en que los militares tomaron el poder en la Argentina y nada, pero absolutamente nada, desde ese día, 24 de marzo, fue igual. Se alteraron todos los destinos. “Todos, quien más y quien menos, perdimos lo mejor de nosotros en ese entonces”, escribirá Pagliaro tiempo después.

Breve biografía a contramano

Nací un 26 de julio en Nápoles, cerca del mar y lejos de Argentina. Soy del signo de Leo, lo digo porque hay gente que piensa que mi signo o cualquier otro signo es muy importante para una biografía, tanto que, a veces, es más importante que la biografía misma. Debe ser cierto. He leído biografías insignificantes escritas por gente importante y biografías importantes escritas por gente insignificante, en ambos casos, lo único que me quedaba en claro era el signo del zodíaco del protagonista.

Comencé a cantar en el baño de mi casa como todos los cantantes. Todos los cantantes se iniciaron en algún baño de alguna casa, por si no lo saben. Mi papá quería que yo fuese arquitecto, menos mal que no le di bola, si no, a estas horas, estaría manejando un taxi. Me animé a cantar en público por la insistencia de algunos amigos que no creían en el fondo en mí, por el apoyo de una novia que sí creía en mí – la recompensé casándome con ella para siempre – y por mi mamá, que sigue cantando bien y piensa que, por ser su hijo, heredé sus dotes vocales. No siempre heredamos lo mejor de nuestros padres.

Una vez fui a vocalizar y el maestro de canto me dijo que mi voz era grave, ronca, sucia y rota y que de ninguna manera iba a poder cantar en el Teatro Colón, uno de los teatros líricos más prestigiados del mundo donde un equipo de voces desafinadas goleó una de las acústicas peor defendidas del universo musical. Tenía razón, nunca canté en el Colón. Canté en cambio tan sólo por toda América, menos Brasil, que hablan portugués, y EE.UU., que hablan yanqui. Esos dos países se los dejé a Sinatra, que es itálico como yo, y a Julio Iglesias, un español padre de Enrique Iglesias, un gallego que canta en inglés.

La primera vez que di una prueba para grabar un disco, el director artístico, que tenía más vueltas que una oreja, me tuvo frente a un micrófono cantando como un boludo un par de meses. “Tenés una voz rara – me diagnosticó como quien descubre una enfermedad nueva – una voz dudosa, con un color extraño, una tesitura modesta, con buena presencia y un fraseo desordenado, puede ser y no puede ser, puede pegar y puede no joder a nadie, la veo y no la veo”, y no la vio. Otros la vieron y desde entonces llevo grabado 34 discos con más de 40 ediciones, con más de 200 canciones mías, unas cuantas ajenas y algunos millones de placas vendidas en todo el mundo de habla hispana.

Después de haber grabado varios singles en italiano, (estuve primero en el ranking con “Ciao amore Ciao” en el 67), en 1968 grabo en castellano dos canciones, “Otra vez en el mismo bar” y “Este amor”, que me colocan definitivamente en el mercado de la música latinoamericana. En 1970 gano por unanimidad el IV Festival Buenos Aires de la Canción, con “Las cosas que me alejan de ti”, un tema contestatario y romántico a la vez, que cuestionaba la realidad argentina. Al año siguiente participé con una canción épica, de denuncia, premonitoria, con un fuerte contenido social: “Yo te nombro”. Fue la favorita del público. El jurado la bochó. La gente silbó al jurado, el jurado se ofendió, se armó un escándalo sin precedente y vía satélite, la Sociedad Argentina de Locutores amenazó con querellarme por difamación, el Festival dejó de hacerse y yo posicioné mi nombre en las listas negras que se confeccionaban en las radios, en los canales de televisión y en las redacciones de los diarios. Eran tiempos de militares y afines.

En 1974 me convierto en un boom autoral con dos temas:”Amigos míos me enamoré” y “Vendrás con el mar, las uvas y el sol” que ya había sido un éxito en 1969. Ese mismo año, 1974, grabo para RCA Víctor, un disco ideológicamente “pesado” y a la vez irreverente, con temas como La balada del boludo, Confesiones de un cantante de protesta, Hasta siempre, Canción para Chile, Yo te nombro, Soldadito boliviano, Guillermina o el infantilismo de la izquierda y otros. Pero ya estaban actuando en la Argentina las Tres A, Alianza Argentina Anticomunista, sembrando miedo y pánico en la sociedad y la compañía destruyó las grabaciones. Eran tiempos de autocensura y sálvese quien pueda.

- Todos los barcos todos los pájaros – Yo vengo de todas partes – No te vayas, entonces – Un ramito de violetas – El extranjero – Si me olvidas te olvido – Cuidado con el loco – Guajira de la amistad — A mi manera – Ámame ahora — El italiano -Este amor desordenado – Ho capito che ti amo – Amante mía – Rosa – El último romántico – son, junto a los demás temas, los éxitos oportunos que me han permitido sobrevivir contradiciendo las leyes de mercado.

Tengo varios hobbies, colecciono, por ejemplo, material descartable de estos últimos lustros: afectos, recuerdos, quimeras, emociones, palabras en desuso, canciones olvidadas, algunos gestos gentiles, preguntas pasadas de moda, entrevistas a gente que fue famosa y que nadie recuerda que fue famosa para que no me olvide que la fama es puro cuento; también tengo la manía de abrir la jaula de los canarios que no son míos, cortar alambrados que no son míos, robar las flores del vecino que no son mías, las manzanas de la frutería del barrio que tampoco son mías, escribir en los muros que nunca fueron míos lo que se me ocurre y, de vez en cuando, cuando me animo, tengo la peculiar costumbre de tocar el culo a quienes me han tocado el culo tantísimas veces. Y, además, me gusta leer.

Soy una maquina de leer. Devoro los chismes de las revistas faranduleras, los avisos clasificados, los horóscopos de la semana para saber lo que no debo hacer, el boletín meteorológico para que la lluvia no me tome desprevenido y sin paraguas, la pagina policial para informarme quien cayó preso por robar una gallina y quien salió a los cinco minutos por estafar unos cuantos millones al estado y a la gente, la sección de deportes para enterarme a quien mataron en la cancha, pero por sobre todas las cosas, leo poesía. No es un chiste. Leo poesía de la “grossa”. Hasta musicalicé a algunos poetas como Bécquer, Martí, Darío, Neruda. Los poetas son los más grandes que hay, como el dulce de leche, Gardel, el rock argentino, el tango japonés, Cambalache, la vieja y Pappo el gran rokero, que no era poeta pero quería a la vieja y fue guitarrista mío a los 17 años.. Si yo escribiera como los poetas que me gustan, no haría una sola canción, como no escribo como ellos, hago canciones. Algunas son buenas, otras no tanto, algunas son famosas e hicieron famosos a varios artistas, – Jairo, Héctor Cabrera (Venezuela), Isabel Aldunate (Chile),Sanampay (México) – otras es mejor olvidarlas, y otras, las menos conocidas, los lados B de los discos, las que no se difunden, son, como era de suponer, las que más me gustan.

Filmé una película dirigida por Leonardo Favio, “Soñar, soñar”, junto a Carlos Monzón, que se estrenó en el 76, el año en que se fue a pique Isabel Perón y con ella Favio, yo, Monzón, la película, la libertad, la esperanza y la vida de mucha gente, menos la gente linda de la revista Gente.

En fin, son cosas de la vida o las cosas del poder que no siempre es querer. “Todo pasa y todo queda”, decía el poeta. Si queda lo que tiene que pasar no me gusta el verso. Este mal olor globalizado, si se queda, hace el aire irrespirable. Sí lo sé, son versos, frases. Son lindas las frases y oportunas en ciertas ocasiones. Mi frase preferida es esa que “nadie puede zambullirse dos veces en el mismo río”, de un viejo filosofo griego amigo de los pobres, Onássis.

Últimamente me preocupa el hecho de que nadie me haya propuesto, en todos estos años, una intendencia, una pequeña secretaría de cultura de una pequeña aldea, ni una ignorante secretaria de grandes proporciones. Es una lastima, podría haber dado lo mejor de mí o lo peor. Para aquellos que no lo saben o lo han olvidado, les diré que fui el campeón olímpico de la canción de protesta del 70 al 74, cuando no entregaban medallas ni pergaminos y nadie anotaba ni registraba nada por las dudas. Cuando las Secretarías de cultura, lejos de contratarte, te censuraban o te perseguían. Quedaron algunas pruebas sin embargo: canciones, culpas, vergüenza y desaparecidos.

En realidad nunca fui una maravilla, ni la mujer maravilla, ni la séptima maravilla, ni la octava, porque la octava maravilla es esa pantallita en donde uno aparece y luego existe: la Televisión.

Lo importante de todo esto es que conocí a Neruda en el 71 y me autorizó a musicalizar algunos de sus poemas. Siempre fue así, mientras los mediocres de turno que se turnan en el poder, en los medios y en el éxito, te cierran las puertas, los más talentosos y sobre todo el público, la gente, te las abren de par en par. A pesar de todo lo que ha pasado sigo cantando y componiendo, no tanto como antes, ni con tantas ganas. Nada es como antes ni nosotros somos los mismos de entonces, pero podría cantarles las canciones más bellas una noche de estas.

Falleció en Buenos Aires, el 27 de marzo de 2012.

Fuente: Sitio oficial

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Tags: , , , ,


Esta entrada fue publicada el Miércoles, marzo 11th, 2009 a las 0:00 y está archivada bajo la categoría Arte, música. Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o hacer un trackback desde tu propio sitio.

7 comentarios hasta el momento

Vilma
 1 

Lo admiro mucho… me encanta.

marzo 17th, 2009 a las 10:07
Gloria Esperanza García
 2 

Un ser que devela la sensibilidad que le habita con las letras de sus canciones y su exótica voz. Simplemente me encanta.

abril 4th, 2009 a las 9:10
Fabricio Maturano
 3 

Es un artista incamparable, tengo 28 años y escucho su musica desde muy pequeño, me siguen sorprendiendo sus letras. Su voz es única y hermosa, siempre lo escuchamos con mis amigos o acompañado de una buena dama. Sin otro motivo me despido de este sitio. El más telentoso.. Gian Franco.

junio 5th, 2009 a las 1:42
Ale
 4 

Me fascinó siempre: Ámame ahora, Todos los barcos, todos los pájaros. Ay Dios ¡Qué recuerdos!. Yo tenía 14 años y alguien las cantaba para mí.

junio 23rd, 2009 a las 0:57
Ruben
 5 

Gian Franco è una delle megliori voce D´Italia
Me piace ascoltare le suoi canzoni.
Io ho sessantadue anni e lo acolto da sempre

agosto 16th, 2009 a las 19:44
Rosy Martínez Dalmau
 6 

Escuche los poemas, sin saber quien los decía. Era un momento en que estaba súper deprimida y nada me causaba encanto ni atractivo, pero… aquella voz ¡era un oasis para mi alma!. Mi hija y mis nietos habían emigrado para EE.UU. y quedé sola en Cuba. Hoy hace dos meses que estoy aquí. No sabía el nombre de aquel hombre hasta hoy ¡Gracias Gian Franco!. Leí tu biografía y te digo ¡para mí sos un Dios!.

octubre 7th, 2009 a las 9:45
Juli
 7 

Siempre me gustaron las canciones, los poemas y la inconfundible voz de Gian Franco. De muy jovencita me encantó, y aún es uno de mis favoritos… He tenido la suerte de tratarlo en forma personal y es un ser encantador, sencillo,humilde, si… tiene la humildad de los grandes…!!! Gian Franco es un Grande..!!!!

marzo 24th, 2010 a las 10:43

Deja una respuesta

Nombre (*)
E-mail (no será publicado) (*)
URL
Comentario