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Cat Stevens

   Publicado por: Administrador en Arte, música

Es la historia de un compositor e intérprete que creyó hasta el fin que la música es un arte, no un negocio. Por eso, vivió el éxito y consiguió reconocimiento, pero como habrá cosas que le resultaban desagradables, se retiró. Se refugió en la religión musulmana y hasta cambió de nombre.

Desde su aparición en la escena de la canción pop, en el arranque de los 70, marcó una huella. Can su voz personal y un sonido particular de guitarras acústicas y arreglos delicados, registró un sello reconocible a la distancia. Y de pronto, hace ya casi 30 años, se retiró. Declaró su desprecio por todo aquello que tuviese que ver con el show bussiness, abrazó con devoción casi fanática la religión musulmana, y en ese tren, hasta cambió su nombre: dejó de ser Cat Stevens y pasó a ser Yusef Islam.

Y en eso está hoy, mientras sus canciones se resisten a caer en el olvido. En rigor, el personaje en cuestión ni siquiera se llamaba Cat Stevens, sino Steven Georgiou. Con ese nombre de origen griego -su padre era de esa nacionalidad-, nació en Londres en 1947. A los 19 años fue descubierto por el productor Mike Hurst, quien venía de ser parte del grupo The Springfields, y así pudo firmar su primer contrato, que le permitió editar algunos singles que tuvieron bastante suceso. El primero, I love my dog, llegó al Top 20 británico, y el segundo mejoró: Metthew and son, aparecido a principios de 1967, llegó al puesto 2 del mismo ranking nacional. Su prestigio creció, porque, además de colocar otro tema en los primeros lugares I’m gonna get me a gun, también del 67, llegó al sexto lugar-, y de editar un interesante álbum debut con temas propios, Metthew and son, empezó a escribir para otros artistas. Así, P. P. Arnold llegó al numero uno del chart inglés con The first cut is the deepest, un tema del muchacho Stevens. Es la misma canción que, diez años después, volvería a ese puesto de máximo privilegio en la versión de Rod Stewart.

Pero la fatalidad se cruzó en el camino del joven Cat. Por una enfermedad, tuvo que detener su carrera, y por un tiempo considerable: dos años. Eso es mucho cuando un artista esta luchando por mantenerse en el primer plano. Pero en 1970 reapareció, y no sólo recuperó lo anterior, sino que lo superó. Firmando con Island Records, pasó de ser sólo un reconocido cantante y compositor, a ser una verdadera estrella pop. Esto empezó a verse con el álbum Mona Bona Jakon, de ese mismo año 70, del que se desprendió el single Lady D’Arbanvilie, que se ganó un lugar en el Top 10. A fines de ese mismo ario, tal vez para aprovechar el viento a favor, Stevens publicó otra obra, Tea for the tillerman, que llegó al Top 20 de álbumes, y que incluía el single Wild world, no sólo otro Top 20 en su formato, sino uno de sus máximos clásicos. Quizá la versión más famosa sea la del jamaiquino Jimmy Cliff, hecha en tiempo de reggae. Siguió con Teaser and the firecat, un LP que fue suceso ya no sólo en Gran Bretaña, sino también en los Estados Unidos: en ambos mercados llegó al Top 5. Tres singles de ese trabajo tuvieron vuelo propio: Moonshadow, rápidamente convertido en clásico de su obra; Peace train, tema especialmente atrayente para la audiencia norteamericana; y Morning has broken, que fue bien recibido en ambas márgenes del Atlántico, hasta el punta que fue el single de su carrera que tuvo, simultáneamente, mejor colocación en los rankings inglés y norteamericano. En ambos charts llegó al Top 10.

Pese a tener tanta repercusión comercial, Stevens no quiso bajar los brazos y siguió arriesgando, haciendo una música cada vez más sofisticada y escribiendo letras inteligentes y muy cuidadas. Y el público no lo abandono. Así, Catch bull at four, su siguiente álbum, de 1972, llegó al numero uno en los Estados Unidos, al tiempo que casi repitió la hazaña en Inglaterra (alcanzó el 2). Pero algo comenzaba a explotar dentro de Stevens: los manejos del negocio musical muchas veces hipócritas, y la resignación de intereses artísticos ante premisas de ventas, entre muchas otras cuestiones, le resultaron insoportables. Y de a poco, se fue retirando. Tuvo otros éxitos, como Buddah and the chocolate box, de 1974, que fue Top 3 en los Estados Unidos y Gran Bretaña, y sus singles Oh, very young y Another Saturday night, remake del éxito de Sam Cooke. Pero ya los siguientes trabajos, Numbers, del 76, e Izitso, del 77, no tuvieron mayor repercusión, porque poco interesaba la actividad de un artista que estaba virtualmente recluido. Así llegó el último álbum de Cat Stevens, Back to Earth, del 79, que pese a todo logró posicionarse en el Top 40 de Gran Bretaña.

Lo que siguió es parte de la leyenda. Porque Stevens paso a llamarse Yusef Islam, y como tal ha hecho sólo alguna breve aparición publica. Pero no parece el mismo: ahora sólo habla de religión, sigue haciendo música, pero sus temas obviamente son devocionales, y de grabar ni hablar, por supuesto.

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Esta entrada fue publicada el Jueves, noviembre 13th, 2008 a las 0:02 y está archivada bajo la categoría Arte, música. Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o hacer un trackback desde tu propio sitio.

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