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oct

Antonio Vivaldi

   Publicado por: Administrador en Arte, música

Nació en un mundo lleno de contrastes y en una Venecia “con rostro de máscara”, como diría Lord Byron. Allí se encontró con las voces e instrumentos del Barroco, con la música que se apoyaba sobre la voz “bassa” como en un sólido fundamento. Antonio Lucio Vivaldi actuó en uno de los momentos más altos del Barroco y su influencia en toda la música europea fue inmediata.

Nació el 4 de marzo de 1678 y mostró, desde muy pequeño, una aptitud precoz hacia la música. Su padre, Juan Bautista, violinista en San Marcos, pero empleado también en la orquesta del teatro de San Juan Crisóstomo, se hacia sustituir en la iglesia por el muchacho, que tenía apenas diez anos y había sido admitido en la capilla de San Marcos con el cargo de violinista supernumerario. Su padre le enseñó los primeros rudimentos de la música y puso en sus manos el primer instrumento. En una guía para forasteros de 1713 viene citado Vivaldi, padre, como uno de los mejores instrumentistas venecianos aliado de su joven hijo. Tuvo otros maestros.

En breve tiempo, Giovanni Legrenzi (1626-1690), un bergamasco que hacia el fin de su carrera llego a ser maestro de capilla en San Marcos. Su padre le dio una educación muy religiosa en la Escuela de los Padres de la Iglesia de San Geminiano. Ahí había curiosos educadores, muy destacados en Venecia por la libertad de sus costumbres y por la singular hospitalidad que daban a sus reuniones. EI joven Antonio era famoso por su carácter compulsivo, un rasgo además característico de la familia: dos hermanos suyos buscaron -y los encontraron- contratiempos con la justicia de la republica véneta.

Francesco fue expulsado de Venecia porque en sus calles había escarnecido a un patricio; Iseppo, el otro hermano, estuvo implicado en una sangrienta riña con un mozo de cuerda. Pero Antonio optó por el camino de la formación eclesiástica y fue tonsurado en setiembre de 1693 y ordenado sacerdote el 23 de marzo de 1703. El músico Vivaldi, convertido en sacerdote, podría así entrar en uno de los hospicios (“ospedali”) de la ciudad y al mismo tiempo podría recorrer con libertad el camino de la música. Así fue y el cura pelirrojo se hizo cargo de La Piedad. En él la música ocupaba un lugar preminente y las jóvenes instrumentistas y cantantes se destacaban en Italia y el resto de Europa. Estas muchachas le permitieron sus búsquedas y sus experimentaciones musicales, entre las muchas funciones que asumió en La Piedad estaba la de maestro de capilla y maestro de coro.

Su Estro Armonico, triunfo de la fantasía, del ritmo y de la melodía, fue experimentalmente contrastado con la ayuda de las muchachas de La Piedad, verdaderas especialistas en los más variados e inusuales instrumentos. EI Estro es su obra genial y ejerció una especial fascinación en Juan Sebastian Bach (1685-1750), en la corte de Weimar era muy difundida la obra del véneto. Escribió sonatas, conciertos, oratorios, óperas y poco a poco se fue convirtiendo en el más grande investigador de los timbres instrumentales. Extendió su búsqueda musical hasta los más variados instrumentos: no sólo al violín y al oboe, sino también a la viola de amor, la mandolina, la flauta traversa, el flautín, el fagot, las trompetas, la trompa, el laúd y las tiorbas (una especie de laúd emparentado con el “chitarrone”).

Fue una búsqueda que duró toda su vida y que no sólo se experimentó en el interior de la enorme producción concertística, sino también sobre la música de teatro. Fue tan prolífico que quedarían decenas y decenas de sus manuscritos, custodiados hoy en gran parte en la Biblioteca Nacional de Turín o en Dresde. Se aproxima hasta los cuatrocientos conciertos. Pero aunque su gloria se basa en su genial producción instrumental, el teatro fue también su gran preocupación. Unas veinte óperas suyas se dieron en Santo Ángel, de los Cappello y los Marcello. En el se representaban operas serias y cómicas y puede considerarse el teatro de Vivaldi. La actividad del músico sacerdote fue frenética, debido a la enorme producción en todos sus campos (de su producción operística se conservan unas 20, pero en una carta admite haber escrito 94 óperas). Cuando parecía hallarse en la cúspide de su fama y su éxito, de manera imprevista se fue de Venecia. Partió hacia el norte y vendió sus conciertos a un precio irrisorio: lo que hoy vale el alquiler diario de una habitación barata. Luego hasta Viena y permaneció allí, enfermo. A los pocos meses, murió en Viena en la más extrema indigencia, de un tumor, en la casa de un tal Satler. Fue enterrado el 28 de julio de 1741 con las ceremonias destinadas a los pobres. Había fallecido por lo tanto el día 26 ó 27.

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Esta entrada fue publicada el Lunes, octubre 27th, 2008 a las 19:57 y está archivada bajo la categoría Arte, música. Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o hacer un trackback desde tu propio sitio.

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