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Jun

Soledad Villamil

   Publicado por: admin en Arte, música

La primera vez que Soledad Villamil se subió a un escenario fue a los 15 años y hoy, a los 34, lleva acumulados solamente éxitos. Además del unitario por televisión hace teatro independiente con su marido, Federico Olivera. Afortunada, vive de lo que la apasiona: la actuación.

Comentario de su presentación del espectáculo: Glorias Porteñas, del cual se editó un disco.

La compañía Recuerdos son Recuerdos se dedica desde su fundación en 1996 a la investigación del teatro musical tomando como material el cancionero y el ambiente de la Buenos Aires de los años ´30.

Trabajando dentro de la modalidad conocida como creación colectiva, los actores, a la vez músicos y cantantes, se apoyan en una investigación exhaustiva de la época y una cuidadosa selección de repertorio para rescatar del pasado formas poéticas y musicales que nos devuelven imágenes y arquetipos que ayudan a reconstruir una identidad cultural cada vez más difusa.

La atmósfera de esta propuesta es la de aquella época en la que la cultura popular argentina florece en una producción musical diversa en géneros propios o adoptivos.

Por supuesto, reina el tango -que entonces tiene algunas décadas de vida y varias de prehistoria. Pero también los géneros criollos nacidos, mucho antes, en el campo y hasta algunos ritmos de moda importados, adaptados al gusto local -como el fox-trot o la rumba. Es decir, un repertorio inmensamente variado que se difunde a través de la radio, el cine, los bailes públicos y los recitales en salones pueblerinos como este que evoca Gloria Porteñas.

Glorias… traslada al espectador -desde el momento mismo de su ingreso a la sala- a la Argentina de 1930, situándolo como asistente a un sencillo salón de provincias donde una compañía de modestos artistas itinerantes ofrece sus rutinas musicales.

Los actores personifican a algunos de los incontables cantantes y músicos de escaso renombre que, sin halo de las grandes vedette de la canción popular argentina como Libertad Lamarque o Carlos Gardel, acercaban a los escenarios más distantes su arte sostenido por el floreo de las guitarras y la sugestión del bandoneón.

La infaltable presencia del presentador o “speaker” organiza la estructura que divide la función en tres segmentos. El primer tramo está dedicado a la canción del campo, inspirada en la vida rural y los arquetipos del gaucho y la paisana. Sigue una selección de tango, milonga y vals ciudadanos, producto de los suburbios de Buenos Aires.

Finalmente, entran a escena el tango melódico -teñido del glamour de la canción internacional- y la ligereza del universalizado fox-trot.

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Esta entrada fue publicada el Jueves, Junio 11th, 2009 a las 0:00 y está archivada bajo la categoría Arte, música. Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o hacer un trackback desde tu propio sitio.

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