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Maurice Ravel

   Publicado por: admin en Arte, música

Perseguir el linaje de Joseph Maurice Ravel ha dado mucho trabajo. Su abuelo, Maurice, fue bautizado en 1802 como Aimé en la ciudad de Annecy (antigua Annedum romana), de la región de Saboya, donde cuatro años después murió su padre, François, justo cuando Napoleón se coronaba emperador. Papá Ravel era Pierre Joseph, nacido en el cantón de Ginebra, Suiza. Aimé Ravel había sido panadero, pero su nieto Pierre Joseph fue ingeniero. Parece que en Saboya se escribía tanto Ravex, Ravet o Ravez. La madre del músico conoció a Pierre en Aranjuez, y se llamaba Marie Deluarte o bien Eluarte, era vasca, de los Bajos Pirineos franceses, y frente al muelle de San Juan de Luz nació el compositor un 7 de marzo de 1875.

La primera música que oyó tararear fueron sevillanas, habaneras, canciones andaluzas y cubanas, además de estribillos de zarzuelas. Tres meses tenía cuando la familia se traslado a París. A los siete empezó a estudiar con Henri Ghys, y a los doce con Charles René, que se asombró ante la originalidad melódica de un trabajo del chico.

A los 17 ganó un primer premio de piano y junto al español Ricardo Viñez estudió con Charles de Beriot, el futuro dedicatario de la Rapsodia española. Desde el principio elige sus propias normas, aunque simula acatar las del Conservatorio. Sus preferencias van a Schumann, luego a Weber, Chopin y Liszt, pero su proveedor de inquietudes es Erik Satie, y, casi tanto como él, Emmanuel Chabrier. Pero sus primeras obras publicadas, el Minué antiguo, y la Habanera para dos pianos, son Ravel puro, aunque sólo tenía 20 años.

Quienes estudiaban con Massenet le trasmitieron una frase de él: “Para aprender su oficio, hay que aprender el oficio de los otros”. Diseca las obras de Liszt, de Chopin y de Chabrier, el pianista Alfred Cortot, que fue su condiscípulo, decía de él que era muy razonador, algo distante y voluntariamente solapado. Una gran oscuridad rodea su vida privada, impenetrable aún para sus amigos. Uno de ellos aclaro: “En su vida no existió ninguna mujer, pero tampoco ningún hombre”. Obsequiaba joyas y adornos refinados a las damas que apreciaba, una de las cuales comentó: “¡Qué mal gusto tiene, y qué gentil!”… El regalo parecía estrafalario, pero semanas después todas las elegantes de París buscaban algo similar. Artista, se adelantó a la moda.

De baja estatura, recio perfil aguileño de vasco, elegante natural, pero a veces rebuscado, acumulaba en su casa de campo docenas de frivolidades cursis, inclusive un óleo de Renoir burda y visiblemente falsificado. Durante la guerra de 1914 fue incorporado como chofer transportista. Nadaba y jugaba a la pelota, pero su lugar era el estudio con el piano. Era buen pianista, pero no un virtuoso, y no hubiera podido tocar bien sus obras más difíciles, como Gaspard de la nuit. Es muy recordado que al estrenarse sus Valses nobles y sentimentales (no se dijo quién era el autor), varios oyentes, aunque eran músicos, los atribuyeron a Zoltán Kodaly o bien a Erick Satie.

Un pianista austíaco que perdiera su brazo derecho en la guerra, Paul Wittgenstein, le encargó un concierto para la mano izquierda. Lo comenzó al mismo tiempo que otro, en Sol, para dos manos, y trabajó en los dos durante 1930 y 1931. Ambos contienen elementos de jazz, pero divergen en el espíritu. Está en plenitud, pero en octubre de 1932 un taxi en que viaja choca y recibe una ligera conmoción. Meses después siente torpeza al escribir, y también cuando nada en el mar de San Juan de Luz, su lugar natal.

Los amigos lo pasean por España (Madrid, Córdoba, Granada, Burgos), pero el mal avanza. Durante la creciente oscuridad de su mente, no se queja. Lo operan en diciembre de 1937, queda sumergido en semisueño hasta su muerte, el día 28. En su sepelio habló solamente el ministro de Educación, que señaló que el carácter común a los grandes talentos franceses es una manera inteligente de considerar las cosas y someterlas a la regla de un estilo.

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Esta entrada fue publicada el Miércoles, Octubre 29th, 2008 a las 21:37 y está archivada bajo la categoría Arte, música. Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o hacer un trackback desde tu propio sitio.

1 comentario

Luis Javier Perez
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Tengo una enorme curiosidad. Cuál es la fuente de la que ustedes consiguen esta afirmación:
“La primera música que oyó tararear fueron sevillanas, habaneras, canciones andaluzas y cubanas”
Muchas gracias

No me imagino que en el San Juan de Luz de 1875 se cantaran muchas sevillanas o andaluzas en general. Por dos razones. La primera es que San Juan de Luz no tenía en aquellos años mucha relación con Andalucia. La segunda es que las sevillanas no adquieren la fórmula y estructura de “sevillanas” /como hoy las conocemos) hasta pasada la mitad del siglo XIX.
Cubanas y habaneras. puede, por tratarse de un puerto (aunque muy pequeño y de pescadores) por la cercania de puertos de mayor importancia y también vascos, como Pasajes o el propio Bilbao. Que mantenían una gran relación comercial con America.

En cualquier caso parece que lógico que las influencias musicales que tuvo en esos primeros años podían provenir más de las canciones que cantara su madre. Es decir y sin ningun género de duda, música tradicional vasca.

Agosto 29th, 2010 a las 7:09

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