Joni Mitchell
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Pocos músicos tienen el privilegio de alternar con tantos grandes como lo hizo Mitchel: Pat Metheny y Jaco Pastorius en “Luces y Sombras”, José Feliciano en “Court and Spark”, Herbie Hancock en “Mingus” y Bob Dylan en gira “Rolling thunder revue”. Por eso, sin la menor sombra de duda, la cantante canadiense merece ser entronizada entre las grandes estrellas. Su vida, sin embargo, no fue color de rosa. Debió luchar mucho para que, en un mundo dominado por hombres, la aceptaran como a un igual.
Roberta Joan Anderson fue el nombre que le pusieron sus padres cuando nació, el 7 de noviembre de 1943. Pero su público la conocería como Joni Mitchell.
Trabajó un tiempo como modelo y, dada su aptitud para las artes visuales, se inscribió en el Alberta College of Art. Poco a poco, la música comenzó a tener más relevancia en su vida, desplazando de ese modo a sus estudios en la escuela.
Su carrera musical comenzó a instancias de una amiga, quien la convenció para que aceptara trabajar como cantante en un bar, junto a Peter Albling.
Su primera canción fue un blues, Day After Day, escrita para su presentación en el festival Mariposa Folk, en 1964. Luego de ese show, abandonó definitivamente la escuela y se dedicó a tocar en bares. Pero su vida personal empezó a ser problemática. Joni quedo embarazada y decidió dar a su bebe en adopción. Luego se casó con su compañero, el cantanre de folk Chuck Mitchell, -cuyo apellido conservó aún después de separada- y empezaron a trabajar como dúo, realizando varias giras, hasta que el grupo y su matrimonio se disolvieron.
En 1968 grabó su primer álbum que, como en la mayoría de los discos debut, llevó el nombre de la cantante. Desde entonces se perfiló como una artista poética, cuyas canciones transmiten candor e intimidad a través de su voz y de sus letras.
Mitchell participó del mítico festival que cerró la década del ‘60, Woodstock, como telonera de Crosby, Stills y Nash pudo establecer relaciones importantes con otros músicos relevantes para la época, con quienes tendría futuros trabajos en común. Tal fue el caso de Bob Dylan con el que Joni participó de la gira “Rolling thunder revue”, en 1975.
El primer Grammy de su carrera llega a sus manos en 1970, en la categoría Mejor Actuación de Folk, por su segundo disco titulado “Clouds”.
El LP era folk puro, con un sonido muy lavado que enfatizaba la voz de Mitchell y su guitarra acústica. Convertida en toda una poetisa, la cantautora lograba el clima ideal para que sus letras, melodiosas y emotivas, impactaran en lo más profundo del corazón. That Song About the Midway, y los misteriosos sonidos de Roses Blue cautivaron al público y a la crítica.
Sin embargo, recién después de su tercer álbum, “Court and Spark” (1974), pudo despegarse de la tradición del pop y del folk y logró encontrar un estilo propio, que le abriera el camino por el que transita hasta la actualidad. Con la compañía de grandes de la música, como Larry Carlton y el armonioso José Feliciano en guitarra, Tom Scott en vientos, Max Bennett en bajo y sus compañeros de Woodstock, David Crosby y Graham Nash en coros, “Court and Spark” fue el disco más exitoso de su carrera y el corte que atrajo la atención del publico fue Down to you. En esta placa, Mitchell insinuaba además sus inclinaciones hacia el jazz, que se consagrarían en el disco “Mingus”. Maravillosamente secundada por Wayne Shorter en saxo soprano, Herbie Hancock en piano, el virtuoso Jaco Pastorius en bajo, Peter Erskine en batería y Don Alias en percusión (una orquesta de notables), la cantante versionaba a modo de homenaje, los más grandes éxitos del músico brasilero. Mingus mismo le había pedido a Mitchell que se hiciera cargo de este, su último disco, ofrecimiento que la cantante aceptó halagada. God Must Be A Boogie Man, Funeral y A Chair In The Sky fueron compuestas por Mitchell en su honor.
Las letras de Mitchell son típicamente románticas (una constante en Mitchell) aunque su música alcanza aquí una especie de sofisticación agridulce (tal vez por los arreglos introducidos por Pastorius).
Un hecho trascendental, que marca la importancia de la carrera de Joni Mitchell, fue su participación en el festival de Amnesty (1986) por los derechos humanos, en la gira que se realizó por los Estados Unidos.
En 1990 participó del show que brindó Roger Waters con “The Wall”, como festejo ante la caída del muro de Berlín. Tocaron precisamente en la zona del muro, en Potzdamer Platz. Allí, Mitchell cantó Goodbye Blue Sky. Ese evento se emitió en vivo en el mundo entero y sirvió para recaudar fondos para la Fundación de Socorro ante Desastres. Otro aporte que realizó fue “Compromiso con la vida VIII”, a beneficio del Proyecto de Los Ángeles por el Sida, del cual también participaron Elton John, Tom Hanks y Ron Meyer.
En 1996 ganó un Grammy en una categoría muy disputada, Mejor Álbum Pop, donde competían nada menos que Madonna, Mariah Carey y The Eagles. El disco en cuestión fue “Turbulent Indigo”.
En la carrera de los músicos, uno de los logros más difíciles de conquistar es la permanencia. Muchas son las bandas que logran un puesto numero uno y, al año siguiente, caen en el olvido general. Joni Mitchell, en cambio, supo mantener su carrera en un plano alto, con grandes hitos -como Woodstock y Amnesty-, muchos discos de oro y varios Grammys, entre otros premios. Además, estableció interesantes relaciones con músicos importantes, cosa nada fácil para una mujer que trabaja en un ambiente manejado por hombres.
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