Jimi Hendrix
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Tras la década de los 50, época en que apareció y se implantó la música Rock como medio de expresión de esa generación, los 60 marcaron el inicio de una revolución en la música popular. En lo social el cambio se reflejó en la creciente legión de “extraños de pelo largo” que reivindicaba la creatividad y la libertad de expresión tanto vital como emocional, en un movimiento donde la música estaba en primer término.
Por entonces comenzaron a aparecer verdaderos monstruos del Rock. Entre ellos Jimi Hendrix, un guitarrista extraordinario que se destacó, ante todo, por su deslumbrante originalidad. Innovador nato, su extraña forma de tocar, su expresividad, su fuerza, su técnica y su capacidad de absorber como una esponja todas las enseñanzas que recogía en el camino, cambiaron el rock y el espíritu de la guitarra eléctrica.
Nació en Seattle, Estados Unidos, el 27 de noviembre de 1942. Exagerando sólo lo necesario, se puede asegurar que Hendrix amó la música casi desde que dejó el biberón. Obsesionado con las canciones de los bluseros clásicos (Muddy Waters y Elmore James), decide comprarse su primera guitarra, instrumento en el que invierte, apenas 5 dólares. Practica con ella hasta el cansancio y, aprende lo que pocos conseguirían en tan poco tiempo. Su entrenamiento guitarrístico y su incipiente carrera como músico profesional se interrumpen en mayo de 1961, cuando se une al ejército. Dado de baja al año, Hendrix vuelve a la música, teloneando con su banda a Curtis Mayfield, los hermanos de Isley y Sam Cooke. En 1965 y tras haber compartido giras juntos, Hendrix se incorpora a la banda de Little Richard.
Del “arquitecto del rock & roll”, Hendrix aprende un nuevo estilo, distinto a todo lo escuchado. Sus canciones eran atrevidas y chispeantes, todo lo que el guitarrista pretendía conseguir con su guitarra.
Establecido en Nueva York, Hendrix es escuchado par Chas Chandler, miembro de los Animals, quien lo invita a viajar can el a Inglaterra para formar una sociedad musical. Ya en Londres, y de la mano de Chandler, Hendrix conoce a la crema rockera inglesa. Pronto arman una banda, formada por Mitch Mitchell en batería y Noel Redding en bajo. Se llamó The Experience y en 1967 lanzaron su primer hit. Hey Joe llegó al cuarto puesto del chart inglés y convirtió a Jimi Hendrix en la nueva estrella de la música londinense.
La grabación urgente de un álbum debut fue a pedido de la Polydor, disquera can la que la banda tenía contrato. En mayo de 1967 aparece ”Are You Experience?”, disco que contenía canciones que son hay clásicos, como The Wind Cries Mary, Fire y Foxy Lady. Había también otros temas menos famosos pero no menos fascinantes, como I Don’t Live Today, May This be Love, el blues Red House; y 3rd Stone From the Sun, donde Hendrix experimenta con el uso del wah-wah. El lenguaje áspero, el inglés a veces incomprensible, y la salvaje guitarra que opaca los otros instrumentos, reflejaron desde entonces el aura que rodeo la obra del músico.
Su segundo LP, “Axis: Bold as Love”, que aparece hacia fin de ese año, corona su exitoso periplo. A los pocos meses, con el lanzamiento del compilado “Samsh Hits”, con temas de los dos primeros discos, llega la consagración definitiva. En octubre, Hendrix conmociona al público con las letras y el arte de tapa del disco doble “Electric Layland”, donde posa rodeado por mujeres desnudas. Con esta placa, Jimi hace honor a su fama de torbellino sexual y alcanza el cenit instrumental con su power trio.
El eco de su fama “very british” no tarda en llegar a los Estados Unidos, donde el músico pronto es reclamado. Sin embargo los otros integrantes de la banda no tenían ninguna intención de mudarse a los Estados Unidos. Los Experience tocan su último concierto en junio, y Hendrix parte para New York. Así, en 1969, Hendrix vuelve a su patria convertido en profeta del nuevo rock. Sin perder tiempo, Hendrix se mete en el estudio en compañía de su amigo el bajista Billy Cox, y el baterista Buddy Miles, con los que comienza la preparación de un nuevo disco. En agosto efectúa su presentación en el festival de Woodstock, que lo encuentra en su mejor forma musical. EI guitarrista se convierte, así, en el primer negro capaz de colonizar con su música a una amplia audiencia blanca, que escucha con la boca abierta las locuras que logra arrancar de las cuerdas este prestidigitador de la guitarra.
Disuelta su primera banda, Hendrix forma un grupo con músicos negros, al que llama “Band of Gypsys” (Banda de gitanos). Su primer disco con esta formación aparece en diciembre. Contenía varios hits: Machine Gun, el blues Who Knows, y Changes en el que Jimi muestra nuevas posibilidades para el desarrollo del funk.
Devenido en virtual especialista en medicina chamánica (para fugarse de la realidad y las penas recuerda constantemente a las drogas), por entonces Hendrix declaró: “Quiero hacer música tan perfecta, que se filtre a través del cuerpo y sea capaz de curar cualquier enfermedad”. Para alcanzar este fin, el guitarrista pasaba largas horas en su estudio planeando un nuevo disco: “First Rays of the New Rising Sun”. También había iniciado la grabación de algunos temas destinados a un disco jazzero que contaría con los arreglos de Gil Evans y la trompeta de Miles Davis. Ya estaba acordada su grabación para agosto de 1970, en los estudios que Hendrix tenia en Londres.
Sin embargo, los impulsos de fuga que atacaron a Hendrix a lo largo de toda su vida lo condujeron, finalmente, a una muerte absurda. El 18 de septiembre de 1970, una sobredosis de barbitúricos y alcohol paralizaron su corazón.
La crónica de su muerte no fue la saga de un héroe: murió ahogado por su propio vómito en el departamento de una amiga, justo cuando promediaba una larga gira con escala en Londres. Junto con Janis Joplin y Jim Morrison, quien fallecería al año siguiente, era parte de la trilogía sagrada del rock de Woodstock.
Algunos dicen que el momento de la muerte atrae una cascada de recuerdos que desfilan velozmente en el último reducto de la conciencia, como una película en cámara rápida. Tal vez el guitarrista púrpura vio pasar rápidamente a sus padres, su infancia en Renton, en los suburbios de Seattle, la nieve invernal, algunas mujeres, y muchas canciones. Acaso también recordó amargamente que cierta noche, para su desgracia, tuvo que alternar con Los Monkees, cuando ellos estaban en la cima de la popularidad, o los excesos que cometió con amigos como Mick Jagger, a quien intento (y logró) robarle la novia, Marianne Faithfull.
A 38 años de su muerte, Hendrix no solo ocupa un lugar relevante en el panteón rockanrolero, sino que tuvo descendencia a través de guitarristas como Joe Satriani, Steve Vai y Eric Johnson, quienes, en su ultima obra (”G3 en vivo”), le dedican un impecable homenaje interpretando “Red House”.
Es difícil saber que hubiera pasado si Hendrix no hubiese muerto. Hoy tendría casi 66 años y, tal vez, todavía andaría por ahí, junto con Dylan, Clapton y Eric Burdon, componiendo tonadas dóciles que le permitieran acomodarse a los tiempos que corren.
Hoy que los Hanson, Marilyn Manson, Spice Girls son parte del paisaje sonoro de la temporada, la música de Hendrix es una pieza difícil de encajar (en 1993 se editó “Stone Free”, disco que reunió a varios grupos y cantantes para versionar los temas insignia de Hendrix, pero no tuvo repercusión).
“Por siempre en nuestros corazones”, reza el epitafio inscripto en la lápida donde yacen los restos del músico incendiario, que probó su ultima experiencia cuando apenas tenia 28 años. Quienes recién lo conocieron años después de su muerte, descubren en él una obra múltiple y deslumbrante, donde la guitarra fue el fusil dilecto de un guerrillero solitario, desafiante y excéntrico. Son contados con los dedos de una mano los artistas que han conseguido brillar con tanta intensidad en tan poco tiempo. Pero seguramente, ahora son muchos disfrutar de su genio a contraluz de sus herederos, que como Joe Satriani, Eric Johnson o Eric Clapton mantuvieron viva esa serena o apocalíptica, sentimental o desgarradora gimnasia digital cuyos sonidos no podría imitar el mas moderno sintetizador. Porque -por si no lo sabe- Dios no es una máquina.
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