Jerry Lee Lewis
|
|
|
Todo comenzó con un regalo de sus padres. El regalo era un piano y Jerry Lee tenia 14 años. Ellos nunca imaginaron que el entusiasmo de aquel niño travieso se iba a convertir en pasión. No bien lanzó sus dedos sobre el teclado, comenzó a sacar conejos de 1a galera. Y su familia se asombró de la familiaridad con que lograba componer melodías, muchas de ellas hermosas y denotando una inusitada sensibilidad musical. Por entonces, inducido par sus padres, Jerry solía escuchar jazz. Pero le encantaba el gospel y cajun. Esta influencia, a la larga, fue sumamente ventajosa, sobre todo porque le enseñó los rudimentos de la técnica, algo que desconocían muchos músicos de su generación.
Cuando empezó a tocar ante el público, su padre lo apoyaba y le llevaba su piano en la camioneta de la familia a cada show. Al poco tiempo, se casó con Dorothy Barton, hija de un pastor. Pero su matrimonio duró pocos meses. EI músico tenia apenas 16 años y reconsideró que prefería disfrutar la noche antes que llevar la vida apacible sin sobresaltos que cualquiera espera de un hombre casado.
Su personalidad, altamente compleja, lo llevo a pasar al año siguiente de vuelta por el registro civil, convirtiéndose en bígamo. El problema surgió cuando los hermanos de su nueva esposa, Jane Mitcham, lo obligaron a casarse para “salvar el honor de la familia”. En efecto, al mes siguiente Jane dio a luz a Jerry Lee Lewis Jr. y Jerry padre se divorció de su primera esposa.
Sin embargo, “The Killer” no desatendía su carrera musical. A lo largo de su vida, vertiginosa y caótica, se vio obligado a repartirse en ocupaciones disímiles. Una vez, por ejemplo, su padre lo acompañó a vender huevos para financiar un viaje a Memphis, a fin de entrevistarse con Sam Phillips, del sello Sun Records. De esa forma pudo grabar su primer simple, muy difundido por todas las radios locales.
En una ocasión, los hados del destino quisieron que Jerry se encontrara con Elvis Presley, Carl Perkins y Johny Cash, durante una sesión de grabación. Cash debió irse porque su mujer quería ir de compras. Esa reunión se llamó “El cuarteto del millón de dólares”. Fue un encuentro accidental, ya que Jerry no sentía el menor aprecio por Elvis y lo único que le deseaba era que bajara del trono de “Rey del Rock & Roll”. En 1976, en sus tiempos de alcohólico, Jerry llegó a presentarse, revolver en mano, frente a las puertas del Graceland, la mansión de Elvis. Increpó furioso a los guardias y reclamo ver al Rey. Pero sólo consiguió que lo arrestaran, se dice que por orden del propio Elvis.
Esta anécdota es representativa si se tienen en cuenta las proyecciones de uno y otro personaje a lo largo de la historia. Para la generación del setenta, Elvis era un músico poco querido. Su despliegue escénico no era considerado “auténticamente rebelde” dada su ideología (mas bien fascista) y sus conocidos contactos con la milicias derechistas. Jerry Lee, en cambio, era un chico contestatario de veras y lo siguió siendo. Estas condiciones mantuvieron su “buena fama” intacta en los calientes corazones de la juventud setentista.
En cualquier caso, la promiscuidad fue una de las claves de su tumultuosa existencia. El segundo caso de bigamia en su vida se produjo cuando Jerry decidió casarse con una prima nueve años menor, que sólo tenia entonces 13 años, llamada Myra Gale Brown. Aunque intentaron mantenerlo en secreto, la noticia de la boda llegó a la prensa y pronto estalló el escándalo. Los sectores mas conservadores lo condenaron de entrada y, cuando confirmaron que el “rockero” era bígamo, no faltaron los desquiciados que pretendieron fusilarlo.
Los arrebatos sentimentales de Jerry Lee nunca fueron perdonados por sus críticos. Y aquí se vuelve a dar otro fuerte contraste con Elvis: seguramente sus “deslices” de Elvis estuvieron mas seriamente referidos con la moral media de la época -sus relaciones con menores, sus aventuras con prostitutas y su adicción a las drogas- y, sin embargo, ninguna voz conservadora se alzó para condenarlos.
Las extravagancias de Jerry Lee, en cualquier caso, prevalecían sobre el escenario: durante sus shows, tocaba el piano parado en el taburete o directamente apoyando sus pies en el teclado, como Little Richard. Esas imágenes, quedaron marcadas a fuego en la memoria de una generación. Resulta insólito que el mismo Jerry Lee haya sido uno de los estudiantes del fundamentalista Instituto de la Biblia Asambleas de Dios. Allí, Jerry estudió música y teología. Pero su espíritu rebelde era tan fuerte y desbordado que terminó siendo expulsado.
Sin dudas, el mayor hit de su carrera fue Great Balls of Fire (1958). El tema se mantuvo en el puesto número 2 del ranking estadounidense durante un mes y alcanzó el puesto 10 del chart británico. En los primeros diez días sacudió el mercado al vender un millón de placas (en total se venderían más de cinco millones de copias dentro de los Estados Unidos). Este hit sería reflotado por el filme Bolas de Fuego, estrenado en 1989 protagonizado por Dennis Quaid.
En medio de ese excelente momento musical, se preparaba para realizar su primera gira por Gran Bretaña, cuando se encontró con una verdadera interpelación personal durante una conferencia de prensa. Los periodistas indagaron sobre sus reiterados y conflictivos matrimonios y lo mostraron como un personaje perturbado, que iba contra el orden natural. Se armó un escándalo tal que Lewis debió suspender 34 de los 37 conciertos que tenia agendados.
Nunca más volvió a disfrutar del éxito de antaño después de eso. Fue el chico raro del rockabilly, el pianista que tenía una actitud más parecida a la de los guitarristas que a sus colegas sesionistas. Fue demasiado lejos para la moral media de esa época y lo hizo en forma meteórica y a la luz del día.
El ángel de Jerry Lee Lewis, con sus 73 años recién cumplidos, todavía vive en los corazones incendiarios de una generación que nunca dejó de reivindicar su capacidad de entrega para dejar el alma en el escenario, su enorme talento y la tenaz devoción con que defendió sus provocativas creencias musicales.
Deja una respuesta