Jairo
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Los comienzos de Jairo como cantante: primero en el colegio vestido de charro mejicano, luego como miembro del grupo de rock´n roll The Twisters Boys, y finalmente la adopción del nombre”Marito González” en los programas concurso de los medios de difusion cordobeses.
Sus comienzos como Marito González
Ese año, APTRA distinguió al Canal 12 de Córdoba con un Martín Fierro especial, una delegación viajó a Buenos Aires a recibirlo. Trotta no solo logró que lo incluyeran en ella, sino que hastase las arregló para que cantara un par de canciones en la ceremonia. Su esfuerzo valió la pena, ya que le ofrecieron un año de contrato en exclusivo con el Canal 13 porteño.
La noticia conmocionó a la familia. A sus padres se les hizo difícil tomar una decisión; les era indiferente que cantara o no y para una familia provinciana Buenos Aires representaba, en cierto modo, un remolino de fatalidades.
Al llegar a Retiro, le impresionó el bullicio de los andenes. Instalado en un húmedo altillo del Pasaje Convención, iniciaba otra etapa. Convención quiere decir conformidad y conveniencia, pero también rima con preocupación.
Aún bajo los efectos de la impresión que Buenos Aires impone a lo advenedizos, debutó en el canal 13 en un programa tallado a medida para la juventud de clase media: “Escala Musical”, cuyo eje de rotación estaba en los ciclos de radio y TV, pero su centro neurálgico eran los bailes multitudinarios. Al mismo tiempo graba su primer disco con dos canciones propias: “El laberinto” y “Todo es posible en la vida”.
Sandro (acompañado por Los de Fuego), Los Shaker´s y Los Gatos entre otros, también debutaron ese año en la Escala Musical. La producción acostumbraba traer artistas internacionales que presentaba en exclusiva, ese año, los novatos pudieron compartir espacio con visitas de renombre, como Neil Sedaka ((”Oh Caroll”), Chubby Checker (”The Twist”), El Dúo Dinámico (”Resistiré”);
Edoardo Vianello (”Il sorpasso”) y Rita Pavone (”Mio cuore”). La explosiva pelirroja italiana se presentó en el Teatro Opera y Marito participó en la primera parte del espectáculo. Fue su debut en un gran escenario porteño.
La infraestructura del Canal 13 incluía su orquesta estable y un estudio de grabación en donde conoció, entre otros músicos, a Armando Patrono, Mario Cosentino y Pichi Mazzei. Meses más tarde le presentaron a otro gran músico: Angel “Pocho” Gatti, que había regresado de Italia con un aura de triunfador y con quien grabó un par de discos para Music Hall.
Cacho Fontana o Antonio Carrizo eran animadores de los ciclos de Radio El Mundo, Belgrano y Splendid en los que se presentó.
Al término del contrato con el Canal 13, se integró a los “Sábados Continuados” de Antonio Carrizo, que era la respuesta del Canal 9 de Alejandro Romay al célebre “Sábados Circulares” que presentaba Nicolás Mancera en el Canal 13 de Goar Mestre. A veces la TV exagera su pereza y se limita a repetir fórmulas exitosas.
Simultáneamente, se inscribió en los cursos de ilustración de la Escuela Panamericana de Arte.
Pero lo más importante que le ocurrió ese año fue el descubrimiento de la técnica vocal de la mano de Alexia de Prat Gay.
En su primer regreso a Cruz del Eje, lo recibieron como un héroe. Pero a pesar del entusiasmo de sus coterráneos, en Buenos Aires no lograba avanzar más allá de los elogios que despertaba su condición de cantante adolescente. Las cosas se agravaron cuando se produjo el desembarco en el canal 9 de los miembros del”Club del Clan”. Ya no tenía la sensación de estar viviendo algo extraordinario.
León Elkin, un médico pequeño y locuáz que velaba en aquellos años por la laringe de los artistas, declaró en un diario porteño que sus cuerdas vocales eran “fuertes como las piernas de un futbolista”.
Habían pasado ya tres años en Buenos Aires y sentía que, a pesar de un auspicioso debut, comenzaba a declinar su entusiasmo. Después de pasar por el Canal 9, su permanencia en el medio pasó a ser una eventualidad llena de incertidumbres. El progreso vocal es ostensible, pero su actividad se reduce a esporádicas apariciones en programas secundarios de la televisión y a giras sin importancia. Ante esa situación, el dibujo fue tomando poco a poco el relevo como actividad principal. Trabajaba free-lance en su casa y, paradójicamente, diseñaba portadas de discos para las mismas compañías que le negaban la posibilidad de cantar. Estaba enfermo de descreimiento y además añoraba Córdoba. Ignoraba que en el mundo del espectáculo es posible morir y renacer varias veces; como la cigarra en la canción de María Elena Walsh.
Un día, a la salida de clases, uno de sus compañeros del segundo año, Luis González, lo abordó en la calle:
-Disculpáme, hace tiempo que quería preguntarte ¿vos sos Marito González, el cantante?
A partir de aquel día comenzaron a escribir canciones, lo que significó para él una manera perspicaz de renovar su entusiasmo.
La oportunidad se presentaría de la mano de Luis Aguilé, quien en uno de sus frecuentes viajes a Argentina y gracias a su amistad con Luis González accedió a escucharlo.
Luis me dijo que si bien le gustaban, pensaba que las canciones no eran para su estilo. -Pero- continuó Aguilé adoptando una actitud tranquilizadora -pienso que eres tú quien debe cantar estas canciones. En ese caso, llegado el momento, yo podría ayudarte.
Y ahí mismo, en presencia de los ejecutivos de la CBS, lanzó sobre la mesa una jugada a dos bandas:
-O bien viajas a España en los próximos meses para grabar en mi sello independiente (”Showman”) o, en su defecto, comprometo a CBS (hoy Sony) para que te produzca un disco aquí en la Argentina.
-No necesito pensarlo ni un minuto- dijo él -me voy a España.
La intención manifiesta de Luis Aguilé de abrir las puertas de su productora independiente a otros cantantes, fue muy importante para que su decisión de llevarlo a España se cristalizara casi inmediatamente.
La nueva situación lo obligó a replantearse algunas cosas. El dibujo, a pesar de sus buenos augurios, quedaba relegado hasta nueva orden. Y eso era aplicable también a la gente y a las cosas que lo rodeaban. Se produjo una profunda división entre el antes y el después.
El día de su viaje a Madrid recibió desde Cruz del Eje un escueto telegrama de sus padres:
“Contigo-stop-va-stop-nuestro-stop-corazón”.
Antes de lo que hubiera podido imaginar, se le presentaba una nueva oportunidad para andar la senda más obsesivamente amada: el canto.
1970-1974
Habían pasado un puñado de años entre su primera llegada a Buenos Aires y su partida a Madrid. En ese tiempo hubo un espacio para el asombro y otro aún mayor para la duda. Una candorosa forma de orfandad nacida de su relación conflictiva un medio del que no supo descifrar el método.
Nunca había hecho un viaje en avión tan largo. amanecer. Llegó a España el 10 de agosto de 1970 y ni bien desembarcó se metió de lleno en todo lo inherente a la grabación.
En la parte musical, el encargado de los arreglos sería César Gentili, a quien ya conocía a través de las grabaciones de Luis Aguilé y de Alberto Cortéz
Para preparar la producción del reportaje fotográfico, me llevaron de compras al barrio antiguo de la ciudad, conocido como el Madrid de Los Austria. Un traje de terciopelo azul del más puro estilo “Gustavo Adolfo Becquer”, una camisa de torero, un pañuelo a modo de corbata con una perla en el centro. El look, algo extravagante, era una idea del fotógrafo Gigi Corbetta. El eslogan que acompañó su lanzamiento estaba cantado: “El último romántico”.
Un mes y medio más tarde, se editó su primer disco en España. El título lo puso el propio Aguilé: ”Emociones” y su distribución alcanzó también a Latinoamérica, donde algunas de las canciones que integraban ese primer volumen alcanzaron el éxito; sobre todo en Venezuela, Costa Rica y Chile.
Los festivales eran en los años `70 un recurso válido y expeditivo para darse a conocer. Su primer paso en España, Jairo lo dió participando en el Festival Internacional de la Costa del Sol, en Torremolinos, uno de los sitios turísticos más importantes de España. La canción se llamaba “Javier y Paloma”, y obtuvo el segundo premio y el Premio de la Crítica. Fue una inmejorable entrada en materia.
En 1971 viaja por primera vez a Venezuela, donde “Tu alma golondrina” encabezaba todas las listas de éxitos. Luego de un breve paso por Buenos Aires, regresó a España para presentarme en otro festival, esta vez en Alcobendas, muy cerca de Madrid. Allí, el tema “María Serena” se llevó todos los premios en disputa. De ese modo completó el efecto Torremolinos, pues en un país centralizado como era la España de entonces, la cercanía de Alcobendas con la capital española le favoreció en el contacto con los medios de difusión más importantes.
Aquellos primeros discos lograron instalar cierta expectativa en torno a sus posibilidades futuras. Esto se confirmó plenamente con “Por si tu quieres saber”, que alcanzó un éxito notable; trepó hasta el Nº 1 de todas las listas de éxitos, entre ellas, la de Los 40 Principales, emitida para toda España por la Cadena Ser.
La compañía discográfica Ariola Eurodisc había llegado para instalarse en España desde Alemania y lo incorporó a su plantel inicial de artistas “locales”, integrado también por Joan Manuel Serrat, Peret, (”rey” de la rumba catalana); el talentoso Camarón de La Isla y Camilo Sesto.
Una vez calmada la euforia por el primer éxito, Ramón Segura, director de la compañía, propuso que el productor de su siguiente disco fuese Manuel Alejandro. Así se grabó “Si vuelves será cansancio”, con arreglos de Eddy Guerin.
1975-1978
En esos meses llegó a Madrid María Elena Walsh, con quien compone varias canciones. Una de ellas, ”El valle y el volcán” con arreglo y producción de Juan Carlos Calderón, sería su anhelada primera carta de triunfo en Argentina y un éxito importante en varios países de habla hispana.
María Elena forma parte de esa raza tan especial que son los cantautores. Dentro de ese estilo, el máximo ídolo de Jairo es el belga Jacques Brel. Cuando llegó a Madrid lo hizo con lo puesto: por no tener, no tenía ni guitarra. Lo primero que hizo fue cumplir con un deseo personal: conocer a Alberto Cortéz, de quien además era vecino. El pampeano tenía una colección completa de los discos de Brel y una guitarra flamante del luthier Andrés Martín. Cada vez que iba a su casa, despuntaba el vicio en el noble instrumento y de paso escuchaba a un Brel explicado y traducido simultáneamente por Renata (la mujer de Cortéz, que es belga) y el propio Alberto.
En esa casa conoció a Patxi Andión, legítimo predecesor de Joaquín Sabina. En esa época, Jairo no dimensionaba en su justa medida la lucha que en España libraban los artistas en salvaguarda de su identidad cultural. Empezó a tomar conciencia de ello cuando conoció a Lluis Llach, el más representativo (y con el valenciano Raimon quizá el más convocante) de los miembros de la Nova Cançó Catalana, movimiento amasado en la tradición juglaresca de las aldeas pirenaicas de los valles de Lleida y enraizada en Barcelona.
Los cantantes españoles siempre fueron valorados en Argentina; pero ninguno logró el nivel de idolatría alcanzado por Joan Manuel Serrat. A partir de su influencia nacieron muchas vocaciones.
Se le siente cercano, como a un amigo de toda una vida. Acomodó como nadie la influencia de la canción francesa (y de Brel en particular) a un idioma y una idiosincrasia diferentes, superando una idea tendiente a buscar para su barrio un lugar en el mundo.
En las emisoras de radio sonaba todo el día la voz de Víctor Manuel, una voz impregnada de las reverberaciones de las minas de su Asturias natal. Los cantautores expresaban tiempos difíciles:
Paco Ibáñez estaba prohibido en España, pero sus canciones llegaban por el aire - vía Radio Andorra - y sus discos por carretera - vía Perpignan -. La censura operaba sistemáticamente contra aquellos artistas que se atrevían a ponerle banderillas de fuego al toro oficial, acostumbrado al sostén de los burladeros más conservadores.
Cuando Jairo grabó “Señora de Juan Fernández” (Facundo Cabral), que podría integrar un catálogo de picaresca juvenil, fue prohibida de difusión.
En una oportunidad, en la bellísima San Sebastián le obligaron a interrumpir su actuación y regresar al hotel escoltado por la guardia civil. El mayor de los Mora y Aragón vociferaba que se había ganado a pulso su expulsión de España. Dodero, un agente artístico del país vasco presentó ese mismo fin de semana, tres artistas que tuvieron problemas con las autoridades: J.M.Serrat en Pamplona, Patxi Andion en Bilbao y Jairo en San Sebastián. Con Rosa León actuó una noche en el teatro Lope de Vega de Sevilla con los guardias civiles en los palcos y los estudiantes en la platea. Eran los estertores finales del régimen surgido de la más ideológica de las guerras del siglo XX.
Solía charlar sobre esto con el musicólogo Joaquín Díaz, con quien, además de comer en el mismo restaurante todos los días, tenía una amiga en común: Cecilia. La cantautora de finos modos y desconcertante naturalidad que en sus textos satirizaba a los nuevos-ricos que movían sus posaderas en el mullido sillón que les había tocado en el reparto de la post -guerra. Su trágica muerte lo golpeó fuerte.
Dentro del estilo de los cantautores, María Elena Walsh y Jacques Brel pertenecen a la especie de los “tricéfalos”: autores-compositores-intérpretes. Archivan poemas y canciones en compartimentos separados. Cuando Jairo le comentó que le había puesto música a “Vidalita porteña”, comprendió que había abierto el archivo equivocado. Se trataba de un poema y no de una letra de canción. “La Vidalita…” muestra uno de los aspectos más nobles que posee el estilo: su carácter testimonial, y contiene una bella metáfora sobre el exilio: “Parece mentira, pero que desastre / es ver que las hojas se van de los árboles. / Estas cosas pasan, cualquiera lo sabe / los otoños son unos criminales.”
Durante aquellos años, sobresalía la labor de algunos artistas argentinos en España, entre ellos staban Waldo de Los Ríos, Facundo Cabral, Alberto Cortéz, Luis Aguilé y el propio Jairo.
Ya llevaba un tiempo largo trabajando con el catalán Juan Giralt como pianista y con Ramón Villar, que de baterista del grupo pasó a ser, primero el road manager, y luego, su representante.
JLB
“…Como arquisinagogo, Jairo era un iluminado. Usted también se llama Jairo y tiene una voz cristalina. Su nombre debería ser: “Jairo, el iluminado”.
Fueron las palabras que me dijo Jorge Luis Borges cuando le presentaron a Jairo en 1975. Fue en Buenos Aires, un privilegio de que equivalía a una cita con García Lorca en Granada. En aquel encuentro, el poeta ciego hizo un elogio público del trabajo realizado sobre sus poemas.
Miguel Angel Merellano, Hilde Fisher y la Editorial Lagos, fueron el alma mater de “Jairo canta a Borges”, trabajo concretado en 1975. El primer paso fue enviar a doce compositores algunos poemas de Borges para que ellos los musicalizaran. Jairo figuraba entre ellos y se inclinó por “Buenos Aires”.
Terminada la música, envió la partitura acompañada de una cassette en la que estaba grabada la canción cantada por él. Después de oirla, le hicieron llegar la idea de grabar en un solo disco el conjunto de las canciones. Luego de un breve periodo de pre-producción, comenzó la grabación con Ricard Miralles al frente de la parte musical.
“Jairo canta a Borges”, un disco contra el tópico”, tituló Rosa María Pereda en su crónica publicada en el diario El País (España).
En la Argentina el trabajo se encontró con un obstáculo imprevisible: se editó poco tiempo antes de la instauración de la dictadura militar y esa coincidencia le fue fatal. El gobierno de facto puso en práctica inmediatamente una feróz censura y el disco se vió prohibido de difusión. En la discoteca de una radio de Mar del Plata le mostraron un ejemplar del disco con el vinilo completamente rayado en zig zag con un grueso clavo.
1977- 1980
Corría el mes de Abril de 1977 cuando lo llamaron por teléfono desde Buenos Aires a su casa de Madrid. La pregunta que le hicieron lo dejó boquiabierto:
-Jairo… ¿Te gustaría cantar en el Olympia de París?
-Claro que sí, ¡Cómo no me va a gustar! ¡ A nadie le amarga un dulce!- respondió.
-Mira, es a partir del 12 de Junio. Ya está contratada Susana Rinaldi y quieren completar el programa con un cantante masculino- dijo la voz del otro lado de la línea.
Nada menos que doce recitales en “le plus célebre Music Hall du monde”, como se autodenomina el Olympia en sus programas de mano.
Inmediatamente se puso a reunir material de prensa, discos, etc. Ricard Miralles accedió a escribir algunos de los arreglos musicales que llevaría a París.
Todo fue muy rápido. Conociendo la histórica inclinación de los artistas españoles por París, le llamó la atención que al mencionar sus futuras presentaciones allí, a los directivos de Ariola Eurodisc no sólo no se les moviera un pelo, sino que de algún modo hasta intentaran desalentarlo.
Afortunadamente no lo consiguieron. Soplaban vientos favorables que lo ponían al abrigo de cualquier forma de escepticismo.
Llegar a París desde cualquier punto del globo, es recuperar la sensación del provinciano que descubre la gran capital. El empresario Bruno Coquatrix presentó en el Olympia una serie de espectáculos “diferentes”. El título elegido fue “La hora Sudamericana y africana” .
La noche del debut fue inolvidable; en primera fila se encontraba uno de sus ídolos: Julio Cortázar.
Entre las nuevas canciones incorporadas a su repertorio estaba “A la Claire Fontaine” (”La Clara Fuente”), casi un himno-bis de Quebec (Canadá) en una magnífica adaptación al castellano de María Elena Walsh. La cantó a capella y ese simple gesto causó tal impacto que a partir de entonces tuvo que repetirlo para siempre. Una vez finalizado el espectáculo, Bruno Coquatrix pidió la grabación de su actuación para sumarla a su colección personal. Era un buen augurio.
En la segunda semana, el embajador de Argentina en Francia ofreció una recepción a los miembros de la compañía. El no fue porque pensó que no hubiera sido ético manifestar por un lado contra la dictadura instalada en su país y por el otro aceptar la invitación de uno de sus embajadores. Ese gesto le valió la indiferencia de la representación diplomática argentina durante todo el tiempo que residió en París. Eso cambió con la llegada del gobierno democrático en 1983.
El agente Roland Ribe se ofreció para hacerse cargo de una eventual carrera suya en Francia, y para mostrarle la seriedad de su propuesta, una noche invitó a presenciar el espectáculo a gente vinculada con la industria discográfica. La mayoría de ellos pertenecía a empresas multinacionales; sin embargo fue un productor independiente, Jean Marc Berger (IB Records) quien le propuso el contrato más ventajoso.
Las dos semanas vividas en París fueron sorprendentes. Fue tanto el entusiasmo a su alrededor, que regresó a España con la sensación de que lo más importante aún estaba por venir. Intentó contagiar ese estado de ánimo a los directivos de Ariola Eurodisc en Madrid; pero ellos seguían aferrados a la idea de la inviabilidad de un proyecto “español” en Francia. Vista la actitud intransigente adoptada por la gerencia, negoció su desvinculación de la compañía.
Con la carta de libertad bajo el brazo, regresó a París donde concluyó las negociaciones con los franceses. Renaldo Cerri fue su productor, y los arregladores musicales fueron Jean Claude Petit y Alain Gorraguer.
La principales canciones de esa primera grabación fueron “Liberté”, el poema de Paul Eluard al que Jairo había puesto música, y “Es la nostalgia”, una de las canciones que había cantado en el Olympia.
Fue importante la decisión de los productores de hacerle cantar en francés desde el primer momento. De no haberlo hecho, su radio de acción se hubiese limitado al público “hispánico” o a aquellos interesados en la música folclórica latinoamericana. Además de las mencionadas, incluyó en ese primer disco “Mon amour aux quatre saisons”, compuesta en colaboración con Charles Aznavour.
La canción elegida como primer corte de difusión fue “Es la nostalgia”. A los pocos meses se habían vendido ya varios cientos de miles de ejemplares. El éxito terminaba dándole la razón y justificaba largamente la decisión de ir a grabar a Francia.
Una radio cordobesa pasa una canción de Mireille Mathieu.
-Tiene algo de Edith Piaf , no?- le comenta Elio Trotta, y luego de una breve pausa deja caer una frase que en ese momento le sonó desmedida pero que a la sazón resultaría premonitoria:
-Si yo tuviera plata te llevaría a cantar a Francia; estoy seguro que allí triunfarías. Jairo tenía 16 años.
Lo sucedido en 1977 refrescaron la anécdota. ¿Quién podría haber afirmado entonces que su nombre figuraría en la programación del Olympia de París en ocho temporadas? ¿O que sería el invitado de Sapho cuando la cantante franco-marroquí dió sus recitales en el mismo escenario?
También lo hizo en un homenaje a Bruno Coquatrix al año de su muerte y cuando se transmitió desde allí el Hit Parade de RTL y “Les Jardins du ciel” (”Nuestro amor será un himno”) trepaba al número 1 de la lista de éxitos.
La salida de los discos no siempre se desarrolla como uno quisiera. Y más aún si se trata de un artista desconocido como yo y de su primer disco en el Mercado francés. Cuando su primer disco encontraba cierta resistencia en las oficinas de programación de las radios más importantes, su primera aparición en la televisión jugó un papel fundamental. Fue en el “Numero Un” dedicado a Nana Mouskouri y el impacto fue inmediatamente reflejado en la prensa y a partir de ahí “Es la nostalgia” tuvo una difusión sostenida en la mayoría de emisoras.
El “Numero Un” fue un programa que gozó de una vida prolongada, sus productores, Maritie y Gilbert Carpentier formaron parte de la historia grande de la television francesa, y basaron su programa en una formula muy sencilla: cada sábado por la noche un intérprete reunía en torno suyo a varios colegas afines a su estilo o imagen.
Después de aquella primera aparición fue invitado a otros programas del ciclo (Claude François o Jean Claude Brialy) y seis meses después, en lo que productores consideraron como un auténtico récord, presentó su propio “Número Un”. En ese momento, su disco ya era un gran éxito, de manera
que, con el sostén de un entorno eufórico, esa noche le acompañaron: Marie Paul Bélle; Gerard Lenorman; Sacha Distel, Nana Mouskouri; Charles Trenet y Thierry Le Luron, “l´enfant terrible” del show bussines francés, que con su talento elevó a los imitadores al rango de estrellas. El pianista que lo acompañaba era un joven rubio y lánguido que comenzaba a tener un gran éxito internacional: Richard Clayderman.
En un corto periodo de tiempo había tenido la oportunidad de conocer a grandes personalidades de la canción francesa; sin embargo, su mayor anhelo era encontrarse con el gran maestro del género: Charles Trénet.
De habérselo propuesto, Trénet (1913-2001) podría haber reclamado para sí la paternidad de la Chanson Française. Nadie hubiera juzgado desmedido su gesto.
Jacques Brel dijo de él: “de no haber existido Trenet, todos nosotros (los cantantes y autores) hoy seríamos viajantes de comercio”
Cuando Jairo sugirió su nombre para invitarlo a mi “Numero Un”, le advirtieron de la dificultad que entrañaba intentar convencerlo de abandonar su reducto para participar en un Show de televisión. Aun así, decidió intentarlo. Y Trenet sorprendió a propios y extraños, ya que no sólo aceptó venir a cantar una canción, sino que también lo acompañó en una segunda.
Hoy, cuando han pasado más de viente años de aquello, Jairo puede decir con legítimo orgullo que aquel programa de televisión fue el puente para que Charles Trénet volviera a los escenarios, en los que continuó brillando hasta que su voz se apagó para siempre. El día de su muerte, el gobierno francés decretó un jornada de duelo nacional.
Otro grande: Gilbert Becaud (1927-2001) le dedico una canción cuando fue a verle al Olympia.
Jairo llevaba poco tiempo en París. Sin embargo, Becaud, al final de su actuación lo presentó a su público, se puso en cuclillas y le dedicó “La ballade des baladins”, después de explicar que la había elegido porque él lo veía como un “baladin” (juglar o caminante).
Cuando ambos recibieron un premio a la popularidad de Radio Montecarlo, el periodista y presentador Yves Mourousi les pidió que cantaran juntos una canción. Le dieron el gusto cantando ”Lo importante es la rosa”. Becaud lo hizo en francés y Jairo en español, lo que dió como resultado un perfecto franc-pañol: “L´ important… es la rosa… lo importante… c´est la rose…”
Fue uno de los dos presentadores (el otro fue el actor Peter Ustinov) de la Gala Especial del Moulin Rouge de París celebrando sus noventa años de existencia. Esa noche cantó y compartió el escenario con grandes artistas internacionales, una de ellas era Ginger Rogers, que festejaba casi los mismos años que la sala de Pigalle. Otro, Jerry Lewis, que ingresó en el escenario del más célebre cabaret de la belle époque a la carrera y resbaló de rodillas con la presteza de un bailarín acrobático hasta el borde del proscenio. La otra gran estrella de aquel espectáculo fue Charles Aznavour.
En una exposición de Mick Mychel conoció a Jean Sablon, el primer crooner de la historia del Music Hall. También el primero en aventurarse por el escenario con un micrófono de mano.
En Francia, las canciones exitosas de Claude François se cuentan por decenas; pero quizá ninguna haya sido tan importante como “Comme d´habitude”, que alcanzó éxito mundial cantada por Frank Sinatra con el título inglés de “May Way”.
Después de haber invitado a Jairo a su Numero Un, le propuso incorporarlo en su gira de verano.
Lamentablemente ésta nunca llegó a realizarse, ya que poco tiempo antes del debut, el destino le tendió al rubio cantante una trampa mortal: una descarga eléctrica lo fulminó cuando intentaba cambiar una bombilla de luz desde la bañera.
En esa misma época preparaba una tournée Charles Aznavour, y no se trataba de una gira común, ya que hacía bastante tiempo que Charles Aznavour no se presentaba en los escenarios franceses.
Enterado de la disponibilidad de Jairo debido a la inesperada desaparición de Claude François, su consejero artístico, Levon Sayan, llamó a Roland Ribet para decirle que Aznavour quería integrarlo a la tournée que marcaría su regreso.
Jairo suele decir que si el del espectáculo es un territorio fértil de aprendizaje, asistir noche tras noche a un recital de Aznavour equivale a un master de alto voltaje. Cada gesto, cada mirada tienen en su show un valor atribuido.
Cuando un devastador terremoto sacudió a Armenia, Aznavour encabezó en Francia una cruzada de solidaridad destinada a llevar ayuda y consuelo a la tierra de sus progenitores. Convocados por él, fueron varios los cantantes y actores que lo acompañaron en la grabación de “Por toi Armenie”, canción compuesta por él mismo, que nada más ponerse a la venta recaudó cifras millonarias. “Jairo, gracias en nombre de los huérfanos de Armenia: Charles Aznavour”, escribió en la plaqueta que le envió por su participación en la grabación.
Inmediatamente después que él cantara, la central telefónica del canal fue bloqueada por los llamados de los televidentes que querían saber cuando podrían escucharlo nuevamente.
Llegó a Francia en la segunda mitad de la década del ´70, cuando las dictaduras militares campeaban a sus anchas en toda Sudamérica. Mientras duró aquel despropósito con trasfondo genocida, Francia fue uno de los países que con mayor virulencia lo denunció.
La Ligue des Droits de l´Homme y otras ONG presentaron ese mismo año en el Palais des Congrés de París, una Gala internacional en la que Jairo fue invitado a cantar junto a otros artistas entre los que se encontraba la actríz norteamericana Jodie Foster, que llegaba a Europa después de su sorprendente actuación en Taxi Driver, de Martin Scorsese. Hablaron mucho. Se entendieron en francés, idioma que ella domina a la perfección y que el cantante comenzaba a balbucear.
Ese mismo año, Jairo participó en el “Perry Como Christmas Show” que había elegido a París para la grabación del programa en su versión de 1979.
Después de “Liberté”, Jairo grabó dos discos temáticos: “Les Plus Beaux Noel du Monde”, que reune doce canciones de navidad de distintas procedencias (una de ellas: el “Ave María” de Schuman, se convertiría con el tiempo en una de las piezas claves de mi repertorio) y “Chansons à regarder”, con canciones infantiles de María Elena Walsh, que ella misma tradujo al francés. Tanto el disco navideño como éste ultimo, tuvieron arreglos musicales de Alain Gorraguer. Un dibujo de Mordillo fue la ilustración del trabajo con repertorio infantil.
Jairo conoció a Astor Piazzolla en 1978, en el clásico programa de Mirtha Legrand, para el que ambos viajaron especialmente desde París.
Compartieron la mesa con Telma Biral, Claudio Levrino, Graciela Alfano y Diego Armando Maradona (de sólo 17 años). Era la primera vez que intervenía en un programa de esas características, de modo que se sentía intimidado.
Por suerte, tuvo en Piazzolla a un aliado inesperado. Fue él quien relató su buen momento en Francia, y lo hizo con lujo de detalles, algo que, teniendo en cuenta su prestigiosa personalidad, abría de ese modo para él un crédito extraordinario de cara al público.
Con Astor Piazzolla quedaron en encontrarse nuevamente en París, donde tenía algunos amigos en común. Especialmente los Pons, José y Jacqueline, que son amigos de todos los artistas argentinos que pasan por la ciudad luz. Y me refiero a todos los artistas; ya que los Pons no hacen distingos: si son artistas y además son argentinos, es suficiente. Generosos, activos, buenos amigos, desprendidos, serviciales y desinteresados: así son LOS PONS.
1981-1988
RTL (Radio Luxemburgo), era la que más difundía los discos de Jairo. Quizá fuera esa la razón por la que Europa 1 (su principal competidora en el dial) lo mantenía en el dique seco. Eso lo perjudicaba en la medida que Europa 1 tenía en su programación el Hit Parade más escuchado de Francia: El Top 50.
Fue “Les jardins du ciel”, su disco más vendido en Francia, el que abrió esa puerta que parecía inexpugnable. Entró directamente en el nº 1 y ya había alcanzado ese lugar en RTL, Radio Montecarlo, France Inter, Sud Radio, etc.
Otro de los lugares prestigiosos que requirió de los servicios de Jairo fue el Sporting de Montecarlo, en donde cantó un par de temporadas.
En 1980 fuí recibió una propuesta sorprendente. Una productora que lo había visto cantar en una transmisión de Mundo Visión, le ofreció filmar una película en Dinamarca, un país del que sólo conocía la delicadísima escultura de La Sirenita, el sorprendente parque del Tiboli y algunos de los más conocidos cuentos de Andersen.
“La Balada de Linda” fue el título del film dirigido por Sven Gronlike en el que Jairo tuvo uno de los roles principales.
Milonga del trovador
Corría el año 1981. Diálogo entre Astor Piazzolla y Horacio Ferrer:
-Horacio: vos, ¿como lo vés a Mario?
-Como un juglar; un trovador de este tiempo- respondió el poeta.
-Entonces, ésta que es su canción, es la “Milonga del Trovador- concluyó Piazzolla.
Los trabajos junto a Piazzolla y Ferrer significaron un salto cualitativo para Jairo.
Diego
El Club Atlético Boca Juniors, con “el pibe” Diego Armando Maradona en sus filas, realizó en esos meses una mini-gira por Europa. En uno de los partidos, enfrentó a un equipo de Paris Saint Germain. Jairo dió el puntapié inicial del partido.
Al año siguiente, presentó un especial de television por TF1: “Jairo au Mexique”.
Lo acompañaron: Sylvie Vartan y Michel Sardou, a los que se agregó desde España Ana Belén. La televisión local aportó las actuaciones de María de Lourdes y del Ballet de la Universidad de Guadalajara, uno de los de los cuerpos de baile tradicional más prestigiosos y coloridos del país azteca.
Se filmó en Mexico DF (Museo de Antropología, Mercado de San Angel y Charros del Pedregal) y en Yucatán (Tulúm y Chichen Itza, uno de los sitios mejor conservados).
Para los argentinos, 1982 quedó grabado a sangre y fuego como el año de la guerra de las Malvinas. El día que estalló la guerra, a raíz de respuesta suya a una pregunta que le hicieran en el programa de televisión Champs Elyssées, el diario Le Parisien publicó un recuadro con una foto titulado “Jairo: Le Malouin” (Jairo: el malvinense).
Desde su lecho de muerte, un soldado le envió a Jairo un rosario: “Así tendré la oprtunidad de viajar con vos a todas partes” decía el mensaje que lo acompañaba.
En medio de un clima enrarecido, presentó en el teatro Bobino un espectáculo que contaba con la participación de músicos y bailarines argentinos.
El Bobino, uno de los teatros más tradicionales del Music Hall parisino, cuyo “novio eterno” fue Georges Brassens; el hombre al que con mayor frecuencia asocian sus compatriotas a la amistad y a la felicidad. Dos años antes de las presentaciones de Jairo en el Bobino, Brassens había asistido, junto a la actríz italiana Sofía Loren, al estreno de uno de sus espectáculos en el Olympia.
En 1983, Jairo comenzó su colaboración con Jacqueline Levasseur. Fue un tiempo de trabajo en un clima cargado de afecto y de coincidencias. A sus dotes de bussines-woman ella le agregaba un refinado gusto por la escritura. Su amistad con Maurice Fanon y Pia Colombo la habían confirmado en su compromiso con las canciones de autor. Compusieron juntos muchas canciones y ella fue la productora de varios de los trabajos del cantante (discos, espectáculos, video-clips, etc.)
Una rareza: el primer trabajo que realizado por Jairo junto a Jacqueline, fue un concierto en un marco insólito: Le Musée Grevin (Museo de Cera de París).
Un escenario no demasiado alejado del cine negro de Claude Chabrol, que propuso a Jairo cantar el tema principal de su película “Les fantomes du chapelier”. El cineasta asistió a las sesiones de grabación en el Estudio 92, y al final, sin sacarse la pipa de la boca, dijo:
-C´est ça… c´est tout à fait ça.
Y a continuación se guardó el tape en un bolsillo del impermeable, saludó, salió a la calle, se subió a un taxi y desapareció por una callecita de Saint Cloud.
En 1983, Jairo viajó a la Argentina y participó del cierre de campaña de Raúl Alfonsín en la Capital Federal, acto que reunió a más de un millón de personas.
¿Que se canta en un acto de esa naturaleza? Desde el apartamento de Luis González en Lomas de Zamora, llamó por teléfono a María Elena Waslh, quien lo alentó a buscar algún tema que marcara el carácter especial del momento.
Por asociación de ideas, nada más colgar el teléfono, Jairo recordó la versión en castellano de ”Venceremos” (”We shall overcome”) que la gran poeta-cantante había escrito y cantado.
Inmediatamente volvió a llamarla, y cuál no sería su sorpresa cuando al levantar el tubo del otro lado de la línea, sin mediar palabra, ella le dijo:
-¡”Venceremos”!
En 1984, Jairo estrenó la canción “Le diable”, compuesta para él por Piazzolla y Ferrer. Con la version francesa de Jacqueline Levasseur, presentó un disco y un Cine-Clip dirigido por Jean Paul Bourdeaducq en las principales salas de cine de Francia, y culminó con un espectáculo en el Olympia durante dos semanas. En ese espectáculo incluyó un segmento de música folclórica argentina en la que hizo su debut un guitarrista de 18 años que acababa de llegar a París de la mano de su tío Raúl Mercado: Leonardo Sánchez, uno de los músicos más talentosos con los que ha tenido la oportunidad de trabajar.
El espectáculo del Olympia tuvo mucha repercusión y las críticas fueron generosas.
La grabación de “El diablo” marcó el comienzo de su colaboración con el productor-arreglador-músico-ingeniero de sonido Bernard Estardy.
La virulencia de la Guerra civil en Nicaragua llevó a Jairo a presentar un disco y un video con imágenes originales obtenidas en el terreno mismo de la confrontación; contó con el patrocinio de Maitre Jouffa y la Ligue des Droits de l´Homme, y de César Arias, el entonces Presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz. La idea nació la noche que Silvio Rodríguez lo invitó a cantar con él y con Juan Carlos Baglietto su canción “Nicaragua” en el Luna Park de Buenos Aires.
A la presentación en la Maison de L´Amerique Latine le siguió un debate al que asistieron, entre otros, Jean Guidoni, con quien había llegado a un acuerdo para que se hiciera cargo de la puesta en escena del espectáculo que presentaría en el Bataclán, la sala más antigua de París. En la Argentina, la palabra “bataclán” tiene connotaciones particulares. Fue una troupe de mujeres del Bataclán la que desembarcó en Buenos Aires en los años ´20 armando un gran alboroto con trasfondo de Cán Cán.
El eje Buenos Aires-París se ha mantenido vigente a lo largo de los años a través del arte en general y del tango en particular. Jairo intentó reflejar esa relación Tango-París, París-Tango, en un programa que presentó por TF1, al que llamó “Station Argentine”. Las valiosas presencias de Osvaldo Pugliese y su orquesta (aprovechando su presentaciones, justamente en el Bataclán); Astor Piazzolla; Rodolfo Mederos; Juan José Mosalini y el guitarrista clásico Roberto Aussel, enaltecieron el espacio.
Con Pugliese, y en dúo con Abel Córdoba, cantó “La canción de Buenos Aires” (Azucena Maizani) y con Piazzolla la “Milonga del trovador”, en una secuencia filmada al calor de la chimenea del atelier de Antonio Seguí
Guidoni imaginó al Bataclán como un cabaret berlinés. El día del debut estuvieron presentes (cada uno fue por su lado) Astor Piazzolla y Atahualpa Yupanqui. Ambos estaban representados también en el repertorio del show: Yupanqui con “La Pobrecita” y Piazzolla con “Gotango”.
El espectáculo tenía la dirección musical de Dominique Sucetti y contaba en su formación orquestal con el guitarrista Sylvain Luc; debía permanecer dos semanas en cartelera, pero el éxito obligó a agregar dos semanas y media más. En esta ocasión, la crítica también fue favorable:
“… Ya lo presentíamos desde su última temporada en el Olympia. Ahora, después de ver su nuevo espectáculo en el Bataclán, estamos seguros: Jairo es un grande. De esos capaces de mezclar los géneros sin violar jamás un clima [...] Su arte tiene una constancia y una fuerza inconmensurables”. Monique Prévost (Extaido de su crítica en “France Soir”, París)
Malambo editó en Francia una grabación en vivo del espectáculo: “Jairo Live Bataclán”.
1989-1993
La tentación de cantar a Gardel lo acercan al sueño más soñado: la vuelta del “mudo”.
“Hay veces que sueño que vuelvo a Argentina
montado en el aire, bajando del sol.
En casa me esperan un millón de amigos,
la vieja, el canario, y el funghi marrón”
1994-2000
Argentina es una fiesta.
Festejos y espectáculos para todos los gustos.
2001-2003
El regreso del CHE
La gran recopilación de “Puro Jairo” y las nuevas técnicas visuales.
Piazzolla en un dúo de voz y guitarra.
Extractado del Sitio Oficial de Jairo
Tags: Argentina, balada, folclore, música, popular, romántica, tango
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