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Glenn Miller

   Publicado por: admin en Arte, música

Recibió la herencia de los grandes del jazz y el swing, pero fue el creador de una nueva fórmula basada en un gran despliegue orquestal y la primacía de las baladas. Mediocre trombonista y gran organizador, Glenn Miller hizo bailar a la generación del’ 40 en las pistas de baile. Su trágica muerte en un accidente aéreo dio nacimiento a una leyenda. 

Fue el creador de la gran banda más popular de todos los tiempos. Glenn Miller, nacido una noche estrellada de marzo de 1904 en Clorinda, Iowa, tuvo la enorme virtud de detectar y satisfacer las necesidades musicales de su época.

Siempre buscó consolidarse como director. En 1937 formó su primera orquesta para competir mano a mano con los grandes del swing, un ritmo que se había impuesto al jazz gracias a su llegada a los grandes públicos a través de los programas radiales de ese entonces, la mayoría transmitidos por la cadena NBC. Las bandas de swing tendían a ser mayores que las de jazz y en ellas se generaban verdaderos diálogos musicales entre los diferentes instrumentos.

El sueño de la orquesta propia

Sus ex compañeros musicales, Benny Goodman (clarinetista llamado el “Rey del Swing”), Artie Shaw y los hermanos Tommy y Jimmy Dorsey, eran notables solistas, además de excepcionales directores de orquesta. Y recorrían el país con sus grandes bandas deleitando a los aficionados de jazz o transmitiendo sus recitales en directo para los salones de baile y los grandes hoteles.

Miller, en cambio, reconoció sus limitaciones y fue por eso que encontró la fórmula que quedaría en la historia. Su fracaso como solista -un trombón nunca pudo alcanzar un sonido al menos discreto- lo llevó a movilizar un mayor numero de instrumentos. Así formó una numerosa banda con la base de un clarinete y cuatro saxos, y eligió un repertorio basado en mayor medida en baladas, relegando a un segundo plano a las piezas de swing. El resultado sorprendió incluso a su mentor: el “Sonido Miller” se convirtió con el correr del tiempo en una marca registrada de la música de este siglo.

La familia Miller se mudó a Colorado cuando el pequeño Alton era un adolescente. Fue allí donde el músico encontró uno de los secretos de su éxito. 5us padres le enseñaron que el progreso financiero era una de las metas personales más importantes a alcanzar. Así, antes de consagrarse en la llamada “Era de las Grandes Bandas”, Glenn tuvo que ordeñar vacas y trabajar de repartidor de bebidas gaseosas, un precio que había que pagar para poder costear los estudios musicales. También en tierras de Colorado Miller realizó sus primeras actuaciones, casi todas en clubes nocturnos frecuentados por fanáticos del jazz.

Tras finalizar la escuela secundaria, el músico vivió en Los Ángeles, Chicago y finalmente en Nueva York, donde conoció a Ted Marck, por entonces saxofonista de la exitosa orquesta de Ben Pollack. Compañero de cuarto de un viejo hotel del centro, Marck lo presentó en el ambiente de Broadway y le consiguió sesiones de grabación y algunos arreglos para los hermanos Dorsey. Al finalizar la década del ‘30, Miller se animó a pegar el gran salto y a responder a su gran ambición: ser reconocido como director.

Jazz no, swing tampoco

Algunos especialistas aseguran que los sonidos de Miller siempre fueron muy mecánicos, muy planificados y, por ende, poco espontáneos y muy alejados de la improvisación. Es que el músico de Iowa nunca toco de oído y se aferró con gran decisión a su receta musical. Quizás su breve paso por la Universidad de Colorado -donde fue un excelente alumno de matemática- le dio los conocimientos necesarios para ser un eficiente y frío administrador de bienes y capital melódico. No por casualidad varios directores de su generación lo convocaron para organizar grandes orquestas. Ocurrió con la de los hermanos Dorsey en 1934 y con de Ray Noble un año después.

Al final, Miller decidió construir su propio camino. En 1939 fue despedido con una ovación después de actuar en el prestigioso Glenn Islam Casino de Nueva Cork. Así The Glenn Millar Orchestra se convirtió en la favorita de los jóvenes y en la número uno del país: Las emisiones radiales y su participación en avisos de cigarrillos acrecentaron su popularidad. Sus temas Moonlight Serenade, In the mood y Pennsylvania 6-5000, describieron con sonido los sentimientos de una sociedad que quería escapar de la debacle financiera del 29 y la depresión posterior.

Pero la orquesta de Millar llegó a lo más alto en 1941, tras el estreno de la película Sun Valley Serenade. Allí Glenn y sus músicos interpretaron una nueva partitura, Chattanooga Choo-Choo que llegó a vender más de un millón de placas en todo el mundo.

Un año después, Miller sacó a relucir su patriotismo. Luego de ser rechazado por la Marina de los Estados Unidos, logró llegar hasta el rango del Ejército pese a ser calificado como “no reclutable”. Y fue en medio de la Segunda Guerra Mundial cuando preparó una de las bandas más poderosas de la historia. Claro que el público iba a ser muy diferente al habitual. Su objetivo era tocar en vivo para las tropas en Inglaterra y Francia, y lo logró.

Odiaba los vuelos aéreos, pero reconocía que era la única forma segura de llegar a tiempo para entretener a las tropas. Sin embargo, el 15 de diciembre de 1944 Miller se subió a un avión rumbo a París y nunca regresó. Antes de partir, Miller habría preguntado: “¿Dónde demonios están los paracaídas?” Y ante esa inquietud, un oficial habría respondido: “¿Qué pasa Miller, querés vivir para siempre?”. A pesar de la tragedia, parece que acertó.

Música y lágrimas

Muchos cinéfilos recuerdan el tributo que el séptimo arte le rindió al creador de la más grande orquesta de todos los tiempos. Dirigido por Anthony Man y protagonizado por James Stewart (en el papel de Miller) y June Allyson (como su mujer, Hellen), Música y lagrimas (The Glenn Miller Story) es una biografía fílmica que describe los momentos trascendentales de su carrera como músico, con detalles inéditos de su vida personal a través de una visión deliberadamente romántica. El film fue estrenado en 1954 y estuvo nominado para el Oscar de la Academia de Hollywood en los rubros “Mejor guión” (Valentine Davies y Oscar Brodney) y “Mejor partitura musical”, aunque finalmente se alzó con la estatuilla al “Mejor sonido”. La película contó con la participación de compañeros y grandes maestros de la música popular como Louis Armstrong, Gene Krupa y Ben Pollack, entre otros. Y como consecuencia directa de su estreno, otros contemporáneos de Miller recibieron su homenaje de parte del cine: Benny Goodman (The Benny Goodman Story) y Eddy Duchin (Melodía Inmortal), ambas de 1956.

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Esta entrada fue publicada el Martes, Noviembre 18th, 2008 a las 0:01 y está archivada bajo la categoría Arte, música. Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o hacer un trackback desde tu propio sitio.

1 comentario

Maribel Nava
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Aunque no viví en esa época para mí fue y es la música más maravillosa. Su música romántica es como poesía convertida en música. La musica de ahora es ruidosa con letras promiscuas, estimulando a los jóvenes a lo negativo. Creo que nunca habrá otro como Miller. Me hubiese gustado vivir en esa época en que el amor y la diversión era lo más limpio y sano. Me conmueve mucho, es mágico y bello.

Marzo 12th, 2009 a las 20:02

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