Giovanni Pergolesi
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Quizá ningún músico ejerció una influencia mayor en vida tan breve: cinco años de producción que cambiaron la óptica de la ópera e impusieron en Nápoles, en Italia y en Europa el auge del género bufo, bocanada de aire fresco en una época acostumbrada al genero serio, con personajes mitológicos o históricos y un desarrollo que, salvo en sus obras notables, mostraba una reiteración monótona y falta de vida genuina.
La vida de Giovanni Battista (Gianbattista) Pergolesi o Pergolese sería novelada magistralmente o llevada al cine por quien supiera interpretar ese latido de moribundo prematuro, que tal fue el chico enfermizo, débil, con una pierna izquierda deforme y tuberculoso temprano: un cuadro más dramático que el de Chopin, pues los Pergolesi (oriundos de Pergola, provincia de Pesaro, región de Marcas, como Rossini) eran muy pobres. El chico, nacido el 4 de enero de 1710, apenas recibió enseñanza musical de dos o tres curas del pueblo hasta que, a los 16 años, un noble llamado Pianetti lo mandó por su cuenta a estudiar en Nápoles, al Conservatorio de los Pobres de Jesucristo (¿hay algo de esto en nuestros tiempos?), donde sorprendió por su inventiva a sus maestros Greco y Durante, y a los 21 años comenzó a escribir obras que no tuvieron éxito.
Al año siguiente muere su padre y debe vender sus escasos bienes para saldar las deudas de la herencia. Pero con el compositor Leonardo Vinci (que no es el sabio universal) conoce las óperas de Alessandro Scarlatti, entonces en la cumbre de su talento, y esto le basta para descubrir el suyo propio. Compone, en dialecto napolitano, la ópera cómica “Lo frate’nnamorato” (El fraile enamorado), y enseguida una seria con un intermedio cómico que será “La serva padrona”, arranque de piezas verdaderamente populares por su sencillez, el carácter de sus personajes y el humor directo y certero de sus arias y dúos (sólo dos personajes). A los 24 años, Pergolesi es famoso, aunque el género “serio” le es esquivo, pero lo designan maestro de capilla y enseguida lo convocan a Roma, donde fracasa una misa suya y también su ópera “La Olimpiada”, ya puesta en música por Vivaldi. Otra ópera, “Faminio”, tiene éxito en Nápoles. Se enamora y es correspondido (no se conoce otro episodio sentimental suyo) , pero su amada es obligada por sus hermanos a separarse de él y decide entrar en un convento. El propio músico toca el órgano cuando ella pronuncia sus votos de castidad, pobreza y obediencia y, cuando desesperada, muere un año mas tarde, el toca en su funeral.
Pero también el morirá justamente un año después, el 16 de marzo de 1736, no sin escribir antes una bella cantata, “Orfeo” (el cantor que rescata a Eurídice de la muerte), una “Salve Regina” y el famoso “Stabat Mater”, obra muy desigual, con trozos prestados de obras anteriores y otros bellísimos por los cuales sobrevive. Como siempre, el público que le había sido esquivo se conmovió ante su muerte prematura (26 años) y un tropel de aventureros publicó obras que hicieron pasar por suyas y lo eran en parte: óperas, sonatas, cantatas que tienen un “aire de familia” propio de la época. Su genio melódico se manifiesta doloroso y punzante unas veces, y otras, agudamente psicológico. Figura impar de la música, se llamaba Draghi, pero para siempre será conocido como Pergolesi.
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