Georg Philipp Telemann
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En su época, una encuesta lo colocó primero en la fama y el prestigio, por sobre Haendel y Bach. De este último era amigo y compadre, o sea padrino de uno de sus hijos. Había razones para su fama. En su música trataba de llegar directamente al púublico y por eso creó los Collegia Musicae y organizó conciertos con entrada paga, ya no destinados a invitados de copete. Había nacido en Magdeburgo, Prusia, en una familia de pastores luteranos, el 14 de marzo de 1681, y murió en Hamburgo el 26 de junio de 1767, a los 86 años, edad casi inaccesible en aquellos tiempos.
Autodidacto, ya a los doce años dirigió una ópera suya (entonces se abrían caminos a los precoces con talento), pero comprendió que debía estudiar más y en sucesivos viajes conoció la música instrumental francesa y la ópera italiana. A los 23 era organista y director musical, y otro viaje a Polonia lo hace conocer la “belleza bárbara y simple” de su música, de la cual sacó provecho.
Telemann era algo mayor que Bach, pero él mismo reconoció que había aprendido de la música de iglesia, de la suite y la ópera francesa y del arte italiano. De ahí que evoluciona en estilo más que su genial compadre, y se lo debe colocar entre los que prepararon el galante o rococó, llevado luego a la cumbre por Haydn y Mozart.
Por el número y variedad de su producción, quizás es el autor más fecundo de la historia: no menos de 2.000 obras, ninguna mal escrita: 30 óperas, docenas de oratorios, pasiones y misas, más de 600 piezas orquestales y ¡más de 1.520 cantatas sacras! Es cierto que vivió mucho, pero ¿de dónde sacó tiempo para tal producción? Es imposible no pensar que sabía aprovecharlo, y que ahora lo perdemos lastimosamente.
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