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Frederic François Chopin

   Publicado por: admin en Arte, música

En los países de América es difícil comprender la situación histórica de Polonia, pero un mapa ayuda a conocer su origen. Por un lado, el coloso ruso, por el otro, el coloso alemán, con choques inevitables, y en medio un país y un pueblo distintos, condenados a ser pasto de los otros dos. En 1772 (cuando Napoleón y Bolívar eran niños), los imperios ruso y austriaco y el reino de Prusia se apoderaron de gran parte del territorio polaco y lo dividieron entre ellos. Lo repartieron en 1793 y en 1795, hasta borrarlo del mapa político, pero no del espiritual, religioso, lingüístico ni cultural. Con mayor o menor prepotencia, esto se ha repetido hasta hoy. Sin duda por eso, ser polaco no es una situación indiferente o inerte, ni siquiera estable. Es una vigilia constante.

Ya lo era cuando Nicolás Chopin, nacido en Lorena, norte de Francia, en una familia de viñateros, llegó a Varsovia para trabajar como cajero en una fabrica tabacalera. El padre del músico peleó como buen polaco contra los invasores, llegó a capitán y al vencer estos tuvo que dar lecciones de francés, entre otras, a la niña María Waleska, el más grande amor de Bonaparte cuando fue emperador y creó el Gran Ducado de Varsovia.

En 1806, cuando los ingleses invadían Buenos Aires por primera vez, Nicolás Chopin se casó con Justina Kryzanowska. Por ese tiempo, Beethoven componía su Concierto para violín y los Tres cuartetos dedicados a Rasunowsky. Cuando nació Frederic François, el 22 de febrero de 1810, los Chopin tenían una hija, y después del único varón nacieron dos niñas más. Nicolás fue luego profesor en dos institutos militares, pero ganaba tan poco que el matrimonio instaló en su nueva casa de Varsovia una pensión.

Chopin era débil, enfermizo y extremadamente sensible a la música. Tanto que los padres confiaron su educación a un profesor: Wojciech Zywny. El lo conectó con la obra de Bach ya a los seis años, y a los ocho el chico compuso su primera Polonesa. Poco después se lo invitó a tocar para el gran duque Constantino, en adelante fue un pequeño personaje y visitó hogares ricos. Pasó a las manos de Jozéph Elsner, que lo formó musicalmente, y a los 15 años anota como Opus 1 de su catálogo un Rondó. A los 17 muere de tisis su hermana Emilie, y el compone una Marcha fúnebre en Do menor (Op. 72, num.2, editada póstumamente).

Ya esta marcado: precocidad, naturaleza enfermiza, ambiente femenino, muerte, orgullo nacional, conciencia de ser distinto y superior. No será semejante a nadie. También será trabajador incansable, y desde sus 18 años sus obras no son de adorno, sino ambiciosas y difíciles estudios, que siguen siendo cúspides para los pianistas. Otro elemento será perenne: la emoción de la tierra natal, de su gente y su música, que nutre casi la totalidad de sus obras. Muchas se apoyan en los ritmos de las danzas populares. Es curioso que otro de los rasgos básicos de su obra sea el estilo “improvisado” de casi todo lo que escribe. Como si eligiera entre varios caminos.

A los veintiún años viaja a Paris, y su contacto con artistas y escritores de primer orden (Liszt, Berlioz, Heine, Rossini, Mendelssohn, entre muchos más) termina moldeando su personalidad. También lo forman los continuos viajes a Berlín, Praga, Leipzig, Dresde. A los 26 se liga a George Sand, quien durante diez años oficia de amante, maternal, protectora, absorbente y al fin poco soportable. De esto se ha leído mucho, demasiado, y poco tiene que ver con la música. Su larga carrera de docente privado le dio sustento. Su salud declinó constantemente, pero esa declinación no rebaja su talento de creador.

No le convino un viaje a Inglaterra y Escocia, a los 38 años. Empeoró sin cesar, y murió el 17 de octubre de 1849 en su departamento de la Place Vendôme de París. Sus restos se llevaron al cementerio del Pere-Lachaise, pero, según su expreso deseo, su corazón se traslado a una iglesia de Varsovia.

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Esta entrada fue publicada el Martes, Octubre 28th, 2008 a las 21:37 y está archivada bajo la categoría Arte, música. Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o hacer un trackback desde tu propio sitio.

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