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Oct

Franz Liszt

   Publicado por: admin en Arte, música

Hay que mirarlo a distancia para comprender en toda su magnitud a Ferenc Liszt (su genuino nombre húngaro es menos usado que el alemán Franz). Robusta personalidad ante todo, reúne caracteres de virtuoso, compositor, orientador y organizador.

Aunque no hubiera sido músico genial merecería una extensa y rica biografía. Pocas vidas más intensas y fecundas que la suya. Las mil obras que compuso ¿cuando las escribió este pianista que viajó por toda Europa dando recitales? Porque su vida sentimental fue tan intensa, su trato social tan amplio y su apetito intelectual tan voraz que demandaban jornadas de 30 horas.

La fortuna lo favoreció al nacer en un hogar y momento que no le harían perder tiempo para aprender y perfeccionarse. Nació en una propiedad rural del príncipe Nicolás Esterházy, que hubiera podido ser rey de Hungría, célebre por su inmensa fortuna y su dedicación a las artes. Su padre Adam Liszt fue contable y luego administrador del príncipe. Era violinista y cantante; asimismo compuso obras importantes, y acompañaba con la guitarra a su mujer, Anna. Al chico le sobraron maestros: Carl Czerny, alumno de Beethoven, y Antonio Salieri, autoridad reconocida en toda Europa. Tocó en publico a los doce años en Viena, y enseguida comenzaron sus giras por Alemania y Francia, luego por Inglaterra y Suiza.

Tempranamente Ferenc es artista internacional, que en todas partes se mueve con la naturalidad del adolescente prodigioso. Es alto, delgado, esbelto, narigón, de mirada muy profunda y conocedor de sus encantos, que derriban temprano resistencias femeninas, antes que ninguna las de la hija del conde Saint-Cricq, quien trunca el romance y determina en el muchacho una primera crisis mística. Quiere ser sacerdote, pero lo disuade el abate Bardin, que de tal modo preserva para la música un gran tesoro futuro.

Entusiasmado por la Sinfonía fantástica de Berlioz y por el arte del violinista Paganini, se inflama por la prédica del economista Saint-Simon y el sacerdote Lamennais, que ya en 1830 elevan la voz contra la explotación infame del capitalismo industrial. También se relaciona con Chopin, que tiene un año más. Marie de Flavigny (condesa d’Agoult) deja a su marido por él, de quien tiene una primera hija, Blandine. Luego nacerán Cósima, futura amante y luego esposa de Wagner, y Daniel, muerto muy joven. Pero la amante es insoportablemente vanidosa y el idilio termina. Ella lo atacará más tarde, inútilmente.

Será reemplazada por Carolina Ivanovska, polaca, princesa de Sayn-Wittgenstein, que también abandona a su marido. A los 37 años Liszt pone fin a su carrera de “divertidor del publico”, que ya lleva 25 años, y profundiza su vocación de compositor y organizador. Es director musical del teatro alemán de Weimar, donde dirige obras de Wagner y de Shumann, el poema Harolda en Italia, de Berlioz, óperas de Mozart, Beethoven, Donizetti y Meyerbeer, con gran amplitud de criterio.

Suceso ingrato: toca su Sonata en Si menor ante el joven Brahms, que se duerme…, origen de una enemistad que duró hasta la muerte. Pero, en cambio, es el árbitro musical de Europa, y el protector de cuanto artista joven de talento llega hasta él. Wagner no es joven, pero sus pedidos de dinero a Liszt no cesan, con cualquier motivo. No sólo dinero; también el tiempo, las amistades, la influencia. No fue retribuido ni siquiera por la admiración de Wagner; este era demasiado engreído para dársela.

Lo que sigue son dos episodios extraños: Carolina no consigue que el zar anule su matrimonio, lo que impide su boda con Liszt. Acuden al Papa, y casi en vísperas de conseguir su objetivo -pues había muerto el príncipe Wittgenstein-, Franz Liszt recibe las órdenes menores, en adelante usará sotana y será abate de la Iglesia católica.

Muchos suponen que así escapó de una boda que mas sería un dogal que una fiesta; otros recuerdan que ya muy joven quiso vivir en religión. Quizá los 54 años de edad y la fatiga de tantas turbulencias emotivas… El mismo había dicho, de muchas alocadas amadoras: “Se aman en mí”, y era verdad. Su éxito con las mujeres siempre había sido arrollador, todas lo adoraban.

Lo que resta fue trabajo incesante y nuevas obras, algunas precursoras del futuro, en un grade que solo ahora alcanza a valorarse. Es un tercer Liszt. Pocos, como él, lograron vivir tres vidas.

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Esta entrada fue publicada el Lunes, Octubre 27th, 2008 a las 20:03 y está archivada bajo la categoría Arte, música. Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o hacer un trackback desde tu propio sitio.

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