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Fats Domino

   Publicado por: admin en Arte, música

Sin preámbulos: fat en inglés es “gordo”. O sea, Fats es el Gordo Domino. Par eso no extraña que el primer éxito de este negro de nombre Antoine Domino, que nació el 26 de febrero de 1928 en New Orleans, haya sido un tema llamado The fat man (EI hombre gordo, ¿hace falta aclararlo?). Mas allá de la broma, este señor tiene importancia histórica, porque en 1955, cuando ya era una reconocida figura del rhythm & blues, grabó Ain’t that a shame (¿No es una vergüenza?), considerado uno de los temas fundadores del rock’n'roll.

Y así se convirtió en uno de los padres reconocidos del género, junto con Chuck Berry y Little Richard. También fue muy exitoso: en la segunda mitad de los 50, gracias a temas propios, como I’m in love again (Estoy enamorado de nuevo), Blue Monday (Lunes triste) de 1957, I’m walkin (Estoy caminando) también del 57, y sobre todo a Whole lotta loving (Un montón de amor) de 1958, y a acertadas versiones de clásicos, como Blueberry hill (Colina de Blueberry), When my dreamboat comes home (Cuando mi barco de fantasía llegue a casa), y My blue heaven (Mi cielo azul), los tres de 1956, llegó a ser la segunda figura más exitosa, detrás de (claro… ) Elvis Presley. Hacia 1958, con seis años de carrera, llevaba vendidos 30 millones de discos. Y buena parte de esa cifra la había alcanzado entre el 55 y el 58, o sea, en el arranque del rock’n'roll.

En rigor, su carrera formal se inició en los primeros días de los 50, cuando comenzó a trabajar junto al trompetista y arreglador Dave Bartholomew. Con esta banda llegó a figurar, en 1952, en los charts de rhythm & blues, con Going’ home. Pero el despegue fue el mencionado Ain’t that a shame. Y la sociedad con Bartholomew siguió, hasta tal punto que este fue su socio en la composición de sus grandes éxitos.

A pesar de que su figura poco ayudaba a los suspiros de las jovencitas de la época, que preferían obviamente a Elvis, Fats Domino tuvo su momento de estrella del cine. Así, hizo apariciones que lo muestran en acción, como en The girl can’t help it (La chica no puede auxiliarlo), una buena película dentro de un puñado de mediocridades, donde canta Blue Monday (el ya citado Lunes triste).

Pero todo concluye al fin, dice la canción… Su estilo, personal y reconocible a la distancia, no congenió con el sonido de los 60 que impusieron Los Beatles y sus seguidores, y su estrella dejó de brillar. Irónicamente, obtuvo un último suceso de ventas en 1968, con una versión de Lady Madonna, de Lennon y McCartney. Y pasó a la historia. No fue olvidado, claro: hoy se lo pone en primera línea cuando se trata de reconocer una de las corrientes, la de New Orleans, de cuantas dieron forma al primer rock. Por eso tiene su lugar en el Rock’n'roll Hall of Fame de Cleveland, al lado de otros maestros.

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Esta entrada fue publicada el Jueves, Noviembre 13th, 2008 a las 0:01 y está archivada bajo la categoría Arte, música. Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o hacer un trackback desde tu propio sitio.

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