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Charles Gounod

   Publicado por: admin en Arte, música

Como un rito, la Ópera de Paris representaba varias veces por año “Fausto”, de Gounod, entre 1869 y 1930. Todos los escenarios de Francia la ofrecían, y se sabe que en medio siglo se cantó dos mil veces en teatros de Paris solamente. Cuando fue inaugurado el Metropolitan de Nueva York, en octubre de 1883, la ópera elegida no fue de Verdi ni Donizetti. Fue “Fausto”, que había tenido mala estrella. En los ensayos se enfermó el tenor protagonista y hubo que sustituirlo con otro muy inferior. Un censor temió que una escena en la iglesia ofendiera al clero y se invitó al nuncio apostólico a que la viera. EI dignatario no halló inconveniente y la música le gustó. Lo que no le dijeron al censor es que el nuncio católico era ciego…

“Fausto” no obtuvo éxito el día del estreno, pero fue cantada 57 veces en la primera temporada. Gounod logró con ella, en 1859, superar las obras de Meyerbeer, que dominó la escena francesa durante décadas con “La africana”, “Roberto el diablo” y otros “operone” con baile, comparsas, artilugios escénicos y arias dificilísimas. Gounod venció a base de refinamiento de estilo, sobriedad, lirismo de buena ley y melodías emotivas.

Nacido y muerto en París (17 de junio de 1818/18 de octubre de 1893), Charles Gounod quedó hechizado por la ópera al ver la primera a los trece años. Su madre, excelente pianista y muy sensata, le exigió que concluyera sus estudios secundarios antes de ingresar en el Conservatorio. Parece que el director del liceo lo puso a prueba entregándole un poema para que le pusiera música allí mismo. El chico lo hizo: primer triunfo. Al terminar el colegio ingresó en el Conservatorio de Paris en 1836, y sus maestros fueron Halévy Lesueur. Ganó el premio de Roma; en Italia pasó tres años y compuso dos misas, entusiasmado con las obras de Palestrina que oyó en San Pedro. Al regresar a París fue organista, se dedicó a estudiar teología y usa ropa clerical, pero antes de profesar como religioso advirtió que no podría dejar la música.

Hubiera sido un compositor de música religiosa de no haber encontrado a Pauline Viardot, famosa soprano que le pidió una ópera para ella misma. Resulto “Safo” (1851), que no tuvo éxito, pero obtuvo este juicio del severo Berlioz: “Su autor merece toda clase de estímulo, ahora que el gusto esta tan corrompido”. Charles prosiguió componiendo óperas: “La monja ensangrentada”, “Medico a pesar suyo” (basada en Moliere) y por fin “Fausto”, que sólo contiene la primera parte del drama de Goethe, pero durante décadas fue pieza firme del repertorio de todos los teatros líricos alemanes. El antiguo Teatro Colón de Buenos Aires la estrenó muy pronto, el 12 de agosto de 1866, y nuestro Estanislao del Campo escribió un “Fausto” que mostraba a un paisano criollo como espectador, asombrado al ver “la estiba de la gente” en la tertulia y el paraíso. Esa es la base de la “Obertura para el Fausto criollo” de Ginastera.

Gounod escribió “Romeo y Julieta”, muy bellas misas y una famosa “Meditación”.

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Esta entrada fue publicada el Lunes, Noviembre 3rd, 2008 a las 12:00 y está archivada bajo la categoría Arte, música. Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o hacer un trackback desde tu propio sitio.

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